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La abuela de Einstein

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

* Escritor y matemático

Se le atribuyen a Einstein dos frases gemelas que tienen que ver tanto con la teoría del conocimiento como con esas preguntas tontas que constituyen la espina dorsal de esta sección. Las frases son: "Si no puedo explicárselo a mi abuela, no lo comprendo" y "si no puedo dibujarlo, no lo comprendo". Y la pregunta a la que remiten es: ¿qué significa comprender? Según la primera de las frases, comprender algo implicaría poder expresarlo de forma coloquial. No basta con conocer la fórmula E=mc2 y saber que "E" es energía, "m" masa y "c" la velocidad de la luz; hay que entender, para poder explicárselo a la abuela de Einstein, que la materia se puede convertir en energía y viceversa, que materia y energía son dos estados de lo mismo. Según la segunda frase, la comprensión estaría ligada a la imaginación en el sentido más literal del término: la capacidad para producir imágenes significativas, para visualizar el contenido de un enunciado verbal o alfanumérico.

Al menos en teoría, a la hipotética abuela de Einstein se le podría explicar cualquier concepto científico con palabras sencillas, aunque el explicador tendría que conocer muy bien lo explicado y disponer del tiempo necesario para poder traducir al lenguaje coloquial, mediante largos circunloquios, lo que la jerga especializada expresa de forma sintética y precisa. Sin embargo, no todo es dibujable, ni siquiera de forma vagamente aproximada. No podemos dibujar un electrón, y la consabida representación del átomo como un "sistema solar en miniatura" confunde más de lo que esclarece. Por eso Einstein, discípulo de Spinoza y de Schopenhauer, nunca pudo aceptar la mecánica cuántica a pesar de ser uno de sus fundadores. No podía dibujarla.

Una de las grandes paradojas de la ciencia es que la más eficaz y precisa teoría física jamás formulada, la que mejor se ciñe a los hechos observados y más exactas predicciones produce, es totalmente contraria a la intuición, intrínsecamente incomprensible (una vez un discípulo de Planck le dijo que estaba empezando a entender la mecánica cuántica, y este replicó: "Si crees entenderla, es que no la entiendes"). Podemos imaginarnos a Einstein intentando explicarle a su abuela la paradoja del gato de Schrödinger, y a ella exclamando: "No digas tonterías, Albert, ¿cómo va a estar un gato vivo y muerto a la vez?". Puede que fuera una objeción como ésta la que lo llevó a buscar en vano, durante treinta años, unas "variables ocultas" que le permitieran reconciliarse con su abuela.