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Trabajo, empleo y otras confusiones

DE PUERTAS ADENTRO // MARÍA ÁNGELES DURÁN

Las palabras tienen una historia detrás y tienen también un futuro delante. Una de las palabras más engañosas que en la actualidad utilizamos de forma asidua es la de "trabajo". Parece cuando la empleamos que todos hablemos de lo mismo, pero no es así.

De las 12 definiciones de "trabajo" que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española, tres se asocian con penalidades, tormentos o dificultades; son las más próximas a su origen, ya que la etimología deriva del tripalium, un potro de tortura con tres patas que utilizaban los romanos. Otras dos lo describen como "ocupación retribuida", o bien "esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital". Finalmente, un tercer grupo se refiere al trabajo en su sentido más general, como "obra, resultado de la actividad humana". En todas las lenguas europeas existen numerosas variedades en la utilización del término "trabajo", la castellana no es una excepción. Incluso, en inglés, la palabra labor sirve para nombrar el duro y sangrante trabajo de parir.

Tal diversidad lingüística sería enriquecedora si no fuese porque tiene desiguales consecuencias económicas y legales para distintos tipos de trabajadores. Si los trabajadores, como sustantivo, son sólo los que trabajan a cambio de dinero, el resto de personas que se esfuerzan por crear bienestar no existen como tales.

La propia Constitución contribuye a fomentar la confusión, ya que en ella existen numerosas referencias a los trabajadores y a sus derechos, asimilando el concepto de trabajo al de ocupación, profesión u oficio. En ningún momento se plantea que puedan existir conflictos en relación con el trabajo que no sean los que enfrentan a los trabajadores asalariados y a sus empleadores, como se hace evidente al referirse al derecho de huelga.

Sin embargo, según las encuestas de uso del tiempo, las horas anuales de trabajo realizado en y para el mercado son sólo una parte pequeña del tiempo total destinado a trabajar. Fuera del mercado queda el trabajo de puertas adentro, además del dedicado a formación y desplazamientos. Con los cambios demográficos, la proporción de personas comprendidas entre los 18 y los 65 años es cada vez más reducida. En muchos casos, si se incluyen las vacaciones, festivos y noches, la jornada real de trabajo (en el sentido de "actividad necesaria", no de "ocio") de las personas inactivas es incluso más larga que la de las activas con empleo.

¿Por qué, entonces, las grandes instituciones, como tribunales, ministerios y sindicatos se apropian del nombre de "trabajo" y no se conforman con utilizar el concepto más modesto de "empleo"?.