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Espíritu, ¿estás ahí?

CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Si en 1930 usted quería aprender cómo entablar conversaciones con los muertos y, de paso, conseguir que hicieran algunas cabriolas como mover mesas y sillas, sólo tenía que hacer una cosa: seguir un curso de formación. Eso sí, como es evidente que el asunto no era moco de pavo y que eso exigía un gran esfuerzo, aprender era costoso. No sólo mentalmente, sino también económicamente. Un curso completo, con todas las técnicas de comunicación con los espíritus, costaba 2.450 dólares de los de entonces. Una excelente manera de asegurar el secreto profesional.

También circulaba un libro azul para ayudarle en su trabajo. En él aparecía gran cantidad de información acerca de los asiduos a las sesiones de todo el país, obtenida por medios tan paranormales como los periódicos, las informaciones reveladas por los sujetos en las diferentes sesiones y lo que los propios médiums averiguaban simplemente dándose un garbeo por el barrio del pobre pardillo. Arthur Ford, el médium que relanzó el espiritismo en los años 60, coleccionaba todas las necrológicas publicadas en EEUU y no realizaba una sesión sin haber investigado a fondo al solicitante. De este modo, su charla con los espíritus era más fluida.

Los espíritus actuales son bastante más torpes que los de antaño: si estos eran capaces de materializarse de cuerpo entero o levitar mesas muy pesadas, los de hoy se conforman, como mucho, con mover un vasito. Y siempre que haya un dedo puesto encima. O hacer que el médium ponga voz profunda, que siempre acojona.

Quizá piense que engañar a la gente no es sencillo. No crea. El deseo de creer puede llegar a convertirnos en solemnemente estúpidos, capaces de pensar que si tras la pregunta "Espíritu, si estás ahí da un golpe, si no, da dos" oímos dos golpes, eso quiere decir que el fantasma no está. Sin embargo, con sencillos trucos, los médium han estafado a cientos de miles de personas y se han aprovechado de la ingenuidad y del deseo de creer de muchos de los que se han acercado al mundo de los espíritus sin ánimo crítico.

Quizá la mejor forma de terminar sea con la respuesta que el biólogo y amigo de Darwin Thomas Henry Huxley dio cuando le invitaron a investigar a los médiums: "Sólo veo una cosa buena en el espiritismo, y es que proporciona un argumento adicional en contra del suicidio. Mejor vivir como un pelagatos, que morir y que una médium contratada a guinea por sesión te haga decir una sarta de sandeces".