Érase una vez

07 Sep 2008
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CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Déjenme que les cuente una historia que ha sucedido en la realidad. En 1979 aparecía el libro Bases de ovnis en la Tierra, escrito por un tal Douglas O’Brien, que se presentaba como la autobiografía de un ex-agente de la CIA. Adelantando el más puro estilo de Expediente X, este agente secreto se dedicaba a facer entuertos –que no desfacerlos como Don Quijote– relacionados con el fenómeno ovni, revelando casos de accidentes aéreos inexplicables (por ejemplo, el accidente de 1978 en la isla de Hierro de un avión militar norteamericano) o incidentes protagonizados por naves ET que a punto estuvieron de desencadenar una guerra mundial. O’Brien llevaba manipulando información desde 1966. Todo, provocado por naves extraterrestres. Incluso revelaba que se había bombardeado con armas nucleares la Luna para destruir ciertas instalaciones… La pequeña empresa editora tuvo que cerrar por lo que se dijo que eran problemas económicos y de ese libro sólo vieron la luz unos pocos centenares de ejemplares. ¿Conspiración, ocultamiento?

Pero toda esa información no cayó en saco roto. En 1983 el conocido escritor-ufólogo Juan José Benítez publicaba un extenso artículo en el periódico Heraldo de Aragón en el que aparecían algunos de los casos del libro, según decía “extraídas de los propios círculos militares norteamericanos”. Es más, en una colección de fascículos titulada Enciclopedia de ovnis, dirigida por él, presentaba casos de O’Brien provenientes de sus “fuentes de los servicios de información”. Muchos ufólogos creyeron estas historias. Uno de ellos, Francisco Padrón, incluso encontró un testigo del “misterioso” suceso de la isla de Hierro.

Y miren ustedes por dónde, desde los años 90 soy amigo del autor del libro. Solo que no es ni espía ni norteamericano. Su nombre real, Javier Esteban. Él es el autor de esta solemne tomadura de pelo: fue a la hemeroteca, buscó noticias y su imaginación hizo el resto. Benítez tragó y durante años, con él, los ufólogos patrios. Bruno Cardeñosa, hoy director de la revista Historias de Iberia Vieja y experto conspiranoico, afirmó que recibía de Esteban “una serie de informaciones ovni ciertamente importantes, algunas de las cuales –tras las comprobaciones oportunas– resultaron ser verdaderas”. Las risas de Javier las hubieran escuchado los ET de las bases en la Luna si no fuera porque el sonido no se propaga por el espacio. Por cierto, en 1966 Javier tenía 8 años.