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La patria del manzano

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Sin duda alguna, las manzanas alimentan a los humanos desde antiguo. No en vano, fueron el objeto del que se sirvió la serpiente para tentar a nuestros primeros padres, ¿recuerdan? Pero, ¿de dónde vienen las manzanas? Como la ignorancia es muy atrevida, si hace unos meses me hubieran preguntado por el origen de esta fruta no hubiera vacilado en inventarlo, en la casi completa seguridad de no equivocarme. Existen manzanos silvestres, ¿no? Es cierto que sus frutos son pequeños y muy acerbos, pero los humanos habrían ido seleccionando los mayores y menos desagradables, y al cabo habríamos conseguido la manzana dulce, y a partir de ella las miles de variedades existentes en el mundo. ¿No es coherente? Sí lo es, pero falso. Una de las primeras cosas que conviene advertir a los futuros científicos es que las cosas casi nunca son lo que parecen.

Mi colega y amigo Cani Fedriani, a raíz de un texto publicado en esta sección, me pasó primero un artículo y luego un libro dedicados a la historia del manzano doméstico. El título del artículo se refería al "misterioso origen" de la fruta, y realmente lo era. Nada parecido y bastante más apasionante que lo que uno hubiera podido imaginar. El autor principal de las investigaciones es un venerable botánico de Oxford apellidado Juniper (enebro), que ha dedicado su vida al estudio de las plantas carnívoras y al del papel de  la gente y los animales domésticos en la evolución de las plantas cultivadas.

El secreto del manzano está lejos, en Asia Central. La región de Thian Shan, alzándose año a año, como todo el Himalaya, y sometida al influjo cálido de los monzones, no ha sufrido las glaciaciones características de los últimos millones de años en Eurasia y Norteamérica. En consecuencia, ha sido un refugio único para la evolución de plantas y animales de clima templado. Los antecesores de la manzana, no mayores que una cereza, llegaron allí desde el este, seguramente transportados por pájaros. Hace de esto unos cinco millones de años. El escenario era poco estable (recordemos que el terreno se mueve), de manera que los pre-manzanos no podían ser muy longevos, lo que permite evolucionar más aprisa. Entonces llegó el turno de los osos. Fueron ellos, muy probablemente, los que seleccionaron a lo largo de cientos de miles de generaciones las manzanas mayores y más dulces, dispersando sus semillas con las heces. ¿Resultado? Aún hoy, en aquellos valles crece una manzana silvestre, científicamente llamada Malus sieversii, que es prácticamente idéntica, también en el plano genético, a las manzanas comestibles de todo el mundo. Para mi sorpresa, ni nuestros antepasados ni las manzanas silvestres de nuestras sierras tienen papel en la historia.