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Zhoukoudian (I)

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

Cuando mi buen amigo Eudald Carbonell y yo viajamos a Pekín, hace ahora exactamente cuatro años, para asistir a un congreso internacional sobre evolución humana, nuestro mayor deseo era visitar los famosos yacimientos de Zhoukoudian. Durante los años 20 y 30 del siglo XX, este lugar fue testigo de hallazgos espectaculares. Los yacimientos de Zhoukoudian están situados a poco más de 40 kilómetros de la capital de China y en 1987 la Unesco los declaró patrimonio de la humanidad. ¿Cómo no peregrinar a un lugar tan emblemático para los que nos dedicamos a esta apasionante profesión?

A decir verdad, el congreso de Pekín fue un poco aburrido, especialmente cuando algunos de nuestros colegas chinos presentaban las interminables ponencias en su lengua vernácula y sin traducción simultánea. ¡Nada que objetar! Al fin y al cabo el chino mandarín es la lengua más hablada en el mundo. También debo confesar que las reuniones con nuestros colegas franceses, a las que se adhería un solitario polaco provisto del mejor vodka que jamás habíamos probado, hicieron muy llevaderas las cuatro primeras jornadas en Pekín.

Cuando finalmente salimos de aquella enorme ciudad contaminada y en construcción, cómodamente sentados en un viejo autobús camino del yacimiento, nos encontramos con la realidad de un país muy diferente. Pero esa es otra historia. Quizás lo más decepcionante de aquel viaje tan esperado fue nuestra entrada a pie en el enorme agujero de una gran cueva vacía, donde hacía más de ochenta años se encontraba uno de los yacimientos más importantes para el estudio de la evolución humana. Pero antes de seguir hagamos un poco de historia.

La Colina del Hueso de Dragón era conocida entre los habitantes de la pequeña aldea de Zhoukoudian (su nombre en chino es impronunciable) por la cantidad de huesos y dientes que aparecían en sus cuevas repletas de sedimentos. Como sucede en la actualidad, algunos de sus habitantes vivían del turismo. La venta de los dientes de dragón procedentes de la Colina representaba un buen negocio. El azar quiso que uno de esos dientes cayera en manos de un paleontólogo europeo. Así empezó todo.

En 1921, Otto Zdansky comenzó las excavaciones en uno de los rellenos fosilíferos de Zhoukoudian. Los fósiles aparecían por centenares y entre ellos destacaban algunos que podían ser de humanos extinguidos. El anatomista canadiense Davidson Black fue el primero en llamar la atención sobre los fabulosos tesoros científicos de Zhoukoudian. En 1927 este investigador acuñó el nombre Sinanthropus pekinensis para nombrar a los fósiles de homininos que aparecían en aquel yacimiento.