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Matar hombres

Ventana de otros ojos // Miguel Delibes de Castro

* Profesor de investigación del CSIC

Hace unos años di una charla, como tantas otras, en un instituto de enseñanza media castellano. Hablaba de la presión a que sometemos a la naturaleza. Mejor o peor, expliqué a un numeroso grupo de alumnos que somos una gran cantidad de gente demandando muchos recursos, y que nuestro planeta limitado estaba sobrepasado en su capacidad de proporcionar bienes y depurar residuos. Al finalizar, una muchacha de la primera fila, mostrando una sonrisa pícara y, sospecho, con más interés en lucirse poniéndome en apuros que en resolver una duda, me planteó sin vacilar:

-Si de verdad somos muchos, digo yo que por qué no matamos hombres, igual que matamos cucarachas y topillos.

La chica consiguió su objetivo, si es que era el que yo imaginé, pues todos sus compañeros rieron, ante lo absurdo de la cuestión, y yo aún no he olvidado ni su expresión, ni aquella conferencia, ni mi perplejidad de entonces.

-No necesito explicarte que es distinto, ¿verdad? Además, ¿quién debería matar a quién?, ¿no querríamos todos ser jueces y ninguno reo?, ¿te parecería justo que unos decidieran sobre la vida de otros?, ¿en qué lugar te pondrías tú?

Desgraciadamente, hoy me ha vuelto a la cabeza, con particular tristeza, aquella escena. No hace muchas semanas lamentaba con ustedes el abuso del término ecología y sus derivados. Nos venden coches ecológicos, yogures ecológicos, bombillas ecológicas, vacaciones ecológicas. No me agrada especialmente, pero he de reconocer que, junto a la intención de vender más, esas etiquetas incorporan un mensaje conservacionista. Lo que de ningún modo se puede admitir, como algunos tratan de sugerirnos estos días, es que existan, también, asesinatos ecológicos. No. Nunca. Jamás. No puedo encontrar ni un solo argumento para que unos pocos, en nombre de ninguna cosa, puedan decidir sobre la vida y la muerte de otros. Me alegra que así lo hayan manifestado, con toda nitidez, muchos grupos ecologistas del País Vasco.

La disciplina científica llamada ecología nos ayuda a tomar decisiones sobre la mejor gestión de la naturaleza. Pero los objetivos de esa gestión no los marca la ciencia, sino el conjunto de la sociedad. Queremos conservar la naturaleza porque, de acuerdo con lo que la ecología nos enseña, hacerlo nos parece importante, imprescindible, para el bienestar de la humanidad. Creemos sinceramente que el beneficio a corto plazo puede traducirse en perjuicio a la larga, y que en breve habrá gente que sufrirá, o la hay que ya está sufriendo, a consecuencia de nuestras comodidades excesivas. Pero, precisamente por eso, no puede ser ecológica, bajo ningún pretexto, una acción específicamente dirigida a producir dolor. Es todo lo contrario. Con o sin el medio ambiente por excusa, matar hombres es sencillamente repugnante.

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