La ciencia es la única noticia

Preguntas tontas

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI

Se está perdiendo la sana costumbre de preguntar, que los griegos, con Sócrates a la cabeza, convirtieron en arte. Hasta los niños preguntan menos que antes. Sometidos por los medios audiovisuales a un continuo bombardeo de datos dispersos, ni siquiera podemos asimilar todo lo que nos dicen sin que preguntemos, de modo que no nos queda tiempo ni ganas de preguntar nada. Y además, con tanta información al alcance de la mano, preguntar parece de tontos.

¿QUÉ FUE ANTES, el huevo o la gallina? Si el universo es finito, ¿qué hay más allá? ¿Qué es el tiempo? ¿Por qué la excepción confirma la regla? ¿Por qué 11 es once y no dos? ¿Para qué sirven las matemáticas? ¿Qué es una demostración? ¿Qué es la ciencia? ¿Qué es la conciencia? ¿Es mejor la calidad que la cantidad? ¿Quién inventa los chistes? ¿Es infinito el número de libros escribibles? ¿Por qué no se puede superar la velocidad de la luz? ¿Qué es el fuego? ¿Se puede alcanzar el extremo del arco iris? ¿Por qué los espejos invierten el eje derecha-izquierda y no el eje arriba-abajo? ¿Existe la cuarta dimensión? ¿Por qué son comestibles las manzanas? ¿Por qué huelen mal los excrementos? ¿Por qué un huevo crudo puede convertirse en un huevo frito pero no viceversa? Si el barbero de mi pueblo afeita a todos los lugareños que no se afeitan solos, ¿se afeita a sí mismo el barbero? ¿Por qué se olvidan los sueños? ¿Por qué estás leyendo esta columna?

ES PROBABLE que muchas de las anteriores preguntas le parezcan pueriles o incluso tontas a más de un lector. Y sin embargo todas ellas conducen a interesantes (y a menudo perturbadoras) reflexiones sobre el mundo en el que vivimos y sobre nuestra forma de intentar comprenderlo. Se cuenta que Gertrude Stein, en su lecho de muerte, le preguntó a Alice Toklas, su compañera: "¿Cuál es la respuesta?". Y al no obtener contestación, dijo: "Entonces, ¿cuál es la pregunta?".

TAMBIÉN SE CUENTA que en el siglo VI a. de C. Epiménides, el legendario poeta cretense, viajó a Oriente en busca de aquel al que llamaban el Buda, y que al encontrarlo le preguntó: "¿Cuál es la mejor pregunta que se puede hacer y cuál es la mejor respuesta que se puede dar?". Y el filósofo poeta le contestó al poeta filósofo: "La mejor pregunta que se puede hacer es la que acabas de hacerme, y la mejor respuesta que se puede dar es la que te estoy dando". El pensamiento que no se convierte en palabras es un pobre pensamiento, decía Goethe. Las únicas preguntas tontas son las que no se hacen.