La ciencia es la única noticia

Especies fósiles

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

La identificación de las especies en el registro fósil es quizá uno de los mayores problemas que tenemos en evolución humana y que suelen dificultar la comprensión de este ámbito científico a los que se interesan por primera vez por los orígenes de la humanidad. El reconocimiento de la especies vivas no es nada sencillo, aunque los biólogos tienen a su disposición los ejemplares vivos, que informan no sólo sobre su anatomía y morfología, sino también sobre su fisiología, comportamiento, hábitat... Los paleontólogos sólo contamos con los fósiles, por lo que la identificación de las especies se convierte en la recopilación de un conjunto de caracteres anatómicos y morfológicos singulares de las partes conservadas.

Por ese motivo, en Paleontología se tiende a pensar en las especies con una concepción totalmente estática. Las colecciones inertes de fósiles se comparan hasta la saciedad y, de acuerdo con los criterios personales de cada especialista y el método utilizado, decidimos si las diferencias observadas permiten distinguir dos colecciones lo suficiente como para considerarlas especies diferentes. En definitiva, las concepciones dinámicas de la biología de los seres vivos se tienden a ignorar y el debate se convierte en una historia interminable.

Sin embargo, los paleontólogos no debemos olvidar que las especies son entidades biológicas que, aunque ya se hayan extinguido, han estado formadas por individuos vivos y han sido resultado de un proceso dinámico de especiación. En este proceso son esenciales el espacio y el tiempo. Conocer el espacio es saber de geografía o, si se prefiere, de paleo-geografía y paleo-climatología. Los mapas que podríamos confeccionar en cada momento del Pleistoceno variarían en función del clima. Durante las épocas glaciales, el hielo acumulado en los continente llevó a descensos de hasta 150 metros en el nivel del mar. ¿Alguien puede imaginarse que durante las época glaciales del Pleistoceno hubiera que recorrer unos 100 kilómetros para llegar a la costa desde donde hoy está ubicada la ciudad de Venecia? Las barreras geográficas han sido siempre elementos esenciales de la evolución de las especies. En épocas glaciales las poblaciones europeas de homininos pudieron quedar aisladas unas de otras durante milenios por las cadenas montañosas, como el Cáucaso, los Alpes o los propios Pirineos.

Por otro lado, el concepto de tiempo se nos escapa con facilidad. El espacio y el tiempo pudieron mantener la identidad histórica de muchas poblaciones del Pleistoceno durante milenios. No importa si en las fronteras del área de distribución de estas poblaciones se establecieron intercambios genéticos con otras poblaciones, por otra parte imposibles de demostrar. No podemos viajar al pasado, por lo que seguiremos discutiendo hasta el aburrimiento si Homo erectus vivió sólo en el Lejano Oriente o fue una especie cosmopolita.