El hombre-lobo y Freud

CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

A principios de los años 70 una periodista austriaca conseguía localizar y entrevistar a Sergei Pankejeff, el Hombre-Lobo. No, no estoy hablando de alguien que se convertía en lobo las noches de luna llena, sino uno de los pacientes más famosos de Sigmund Freud.

Este hombre fue tratado por Freud durante varios años. En sus escritos lo bautizó como el Hombre-Lobo por un peculiar sueño que había tenido su paciente: a través de la ventana de su habitación veía lobos blancos sentados en las ramas de un nogal. Freud analizó el sueño y llegó a la conclusión de que escondía una escabrosa experiencia vivida cuando Pankejeff tenía año y medio.

Según su interpretación, durante una cálida tarde de verano, a la hora de la siesta, el niño había asistido, como voyeur, a un coito por detrás de sus padres que repitieron tres veces. Por supuesto, Pankejeff no podía recordar conscientemente el incidente, pero Freud lo explicaba como una memoria reprimida –sorprende la capacidad de recordar detalles de nuestro inconsciente…–. Al final del tratamiento el padre del psicoanálisis declaró haberlo curado y así se ha mantenido desde entonces.

Pero detrás de este éxito se esconde una historia, si no escabrosa, sí más oscura. Pankejeff no fue la resonante victoria que tanto se había publicitado. En realidad no sólo Freud perdió la partida sino que también la perdieron sus sucesores, que le trataron de manera gratuita durante muchos años. Además, la Fundación Sigmund Freud le asignó un sueldo a cambio de no abandonar Viena y vivir en el anonimato. Había que ocultar que el Hombre-Lobo seguía enfermo. Como suele ocurrir a todo ser humano, sus problemas se solucionaron cuando le enterraron.

Mas Este no es el único de los problemas del psicoanálisis. Poco a poco se ha ido demostrando que la totalidad de los casos clínicos más famosos de Freud y sobre los que fundamentó su teoría psicoanalítica los relató de forma distorsionada y, a veces, coló algunas mentiras.

A la vista de esto no resulta tan sorprendente entender el que es, sin duda, el mayor fracaso de toda la historia del psicoanálisis: Woody Allen.