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La terrorífica pandemia

CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL 

La llamada gripe porcina (pobres cerdos) fue creada en un laboratorio. Algunos dicen que se escapó de forma accidental; otros, que de manera intencional, para forrarse vendiendo el Tamiflu, un medicamento desarrollado por la empresa norteamericana Gilead Sciences de la que, curiosamente, fue presidente Donald Rumsfeld hasta que fue nombrado secretario de Defensa por George W. Bush. Además, un virólogo australiano llamado Adrian Gibbs, que participó en la formulación del susodicho antiviral, ha denunciado que es producto de un "error de laboratorio".

Tenemos todos los elementos necesarios para montar una conspiración en torno a la gripe A: un tipo poderoso miembro de la odiada Administración Bush, la siempre malvada industria farmacéutica, la OMS aventando una pandemia que nos acongoja... Pero lo del científico australiano, investigador ya retirado y experto en virología vegetal, es de nota: en mayo pasado prácticamente todos los medios de comunicación españoles copia-pegaron este información salida de la agencia Efe (y, por eso, todos bautizaron al buen hombre como Gibss en lugar de Gibbs).

Para añadir más leña al fuego, los periódicos checos negaban que hubiera sido un error la contaminación de vacunas de la empresa Baxter, distribuidas a 18 países, con virus de la ya olvidada gripe aviaria. No hay nada más atractivo que las megaconspiraciones.

Gobiernos y organismos oficiales aportan su granito de arena con sus elevadas dosis de alarmismo, pertinentemente amplificadas por los medios. Hace un lustro la terrible pandemia que desataría una mutación ¡desconocida! del virus de la gripe aviaria acabaría con la vida de decenas de millones de personas en el mundo. Era para temerla, pues, según los datos, han muerto el 60% de los infectados, aunque solo hayan sido 262 en los últimos siete años.

Peligrosa y mortal, hoy está olvidada en un rincón oscuro porque tenemos un sustituto aún mejor, la gripe porcina. Y no dejan de recordarnos que es heredera de la gripe española de 1918. No hay nada como acongojar. Pero esto para otro día...