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La pulsera ‘rediviva’

CIENCIA DE PEGA // MIGUEL ÁNGEL SABADELL

Recuerdan aquellas pulseritas con bolitas de cuarzo que servían para todas las enfermedades existentes? Un impresionante ejemplo de I+D balear. ¡Bien por Rayma! Siguiendo la estela del joyero mallorquín al que se le ocurrió el invento tenemos la pulsera Power Balance, creada en la soleada California en 2007 por "un grupo de atletas con un fuerte bagaje en salud holística". Este sacacuartos consiste en un holograma en mylar (vamos, plástico) como el de la Visa pegado a una pulsera de silicona. Al menos la de Rayma estaba bañada en oro.

Si en la pulsera española el quid de la cuestión estaba en las bolitas de marras, que actuaban como "resonadores de energía pasiva", en la californiana está el holograma porque "se han incrustado frecuencias naturales halladas en la naturaleza". ¿Si son naturales, dónde si no se van a hallar? Dejemos que se expliquen: "Cada objeto de este planeta, animado o inanimado, tiene una frecuencia que puede calcularse con exactitud. Albert Einstein sabía que todo en el universo emite una frecuencia única". Si se pudiera denunciar por poner en tu boca lo que no has dicho, los herederos de Einstein estarían forrados. No se dejen lo mejor: "Se ha descubierto que la frecuencia general de una persona sana está entre 6,2 a 7,2 Hz, y cuando baja de estos niveles, los resfriados y gripes aparecen más fácilmente". ¡Ya tenemos la solución para la gripe A!

Su publicidad es digna de El club de la comedia. Dejo esta perla: "PB no contiene ninguna fuente de energía por sí solo, las energías bioeléctricas de cada uno cargan el holograma quantum, sintonizando con el biocampo, armonizado con tu chi interior".

Vale 35 euros y se vende por Internet o al estilo Avon. Una simple búsqueda de precios (al alza) nos da su coste máximo: los dos hologramas, un euro ,y la pulsera de silicona, otro euro. Aun siendo generosos y poniendo un coste total de tres euros nos queda un margen de beneficio del 91%. Seamos condescendientes: la inversión en I+D para desarrollar el holograma –cutre donde los haya y que es el logo del producto– ha tenido que ser de órdago.