La ciencia es la única noticia

Ciencia aburrida

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

En la comunicación artística se concede mucho mérito a la originalidad, el hallazgo de nuevos caminos, incluso la perplejidad que genera la transgresión. La ciencia, en cambio, es básicamente un método reglado de adquirir conocimiento, basado en la acumulación de avances (recuerden lo de subir a hombros de gigantes de Newton) y con unas reglas y controles precisos, de manera que raramente un francotirador informal, por brillantes que sean sus ideas, conseguirá acceder a la academia. Ello tiene sus ventajas (no pasa por ciencia una ocurrencia que no lo sea), pero también sus inconvenientes (mucho de lo que se publica habitualmente en las revistas científicas es previsible, y por tanto aburrido).

Afortunadamente, entre los científicos no falta el sentido del humor, y en ocasiones se denuncia con ironía esa especie de "dictadura de las normas editoriales" que todos los que nos dedicamos a esto hemos sufrido alguna vez (a veces me preguntan "¿qué nombre científico dais al lince ibérico?", y contesto con toda sinceridad: "El que nos exija la revista que acepta nuestro artículo"). El danés Kaj Sand-Jensen ha escrito (y publicado, así que también hay editores capaces de reírse de sí mismos; en este caso en Oikos, volumen 116) un articulito titulado Cómo escribir consistentemente literatura científica aburrida.

Kaj subraya la paradoja de que siempre digamos a los demás que la ciencia (generar conocimiento) es una apasionante aventura, cuando después las exigencias de claridad, brevedad e impersonalidad de las revistas, la tiranía de la jerga especializada, y la censura al humor y la sátira, convierten los productos científicos en algo "insoportablemente aburrido". Con guasa, propone un top-10 de recomendaciones para conseguir que los artículos científicos sean, como deben ser, una pelmada.

No tengo espacio para resumir el decálogo, que incluye frases como: "Evita centrar el problema; introducir una multitud de preguntas, ideas y posibles relaciones entre ellas, renunciando a formular hipótesis claras, es un truco realmente inteligente". O bien: "Alarga los artículos breves incluyendo más y más detalles y simplezas mentales; habría que insistir en que los grandes conceptos y descubrimientos científicos no pueden describirse en pocas palabras". Al final, sin embargo, tras recomendar leer libros y ensayos por delante de los artículos especializados, el autor se pone serio: "Necesitamos desesperadamente hacer más accesibles y divertidas las comunicaciones científicas para atraer investigadores brillantes y para producir un conocimiento integral". Al leerlo, sonriendo, atisbamos un camino quizás ilusorio.