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El gran Mónico

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Tras impartir una charla en Ciudad Real durante la Semana de la Ciencia, deambulé por los expositores divulgativos que había distribuidos por unas salas amplias y luminosas. Jóvenes científicos explicaban los intríngulis de experimentos y demostraciones a chavales de secundaria que los atendían embelesados. Un aparato solitario de manufactura perfecta detuvo mi paseo. Lo identifiqué como un generador portátil de rayos X de las primeras décadas del siglo XX. ¿Sería de los que usaron los franceses y alemanes en la Primera Guerra Mundial? Mujeres tan grandes para la ciencia como Marie Curie en un bando y Lise Meitner en el otro habían salvado infinidad de vidas recorriendo los frentes con aparatos como aquel.

Alguien interrumpió mis ensoñaciones. Se presentó como ingeniero de telecomunicaciones, profesor de la Universidad de Castilla-La Mancha y biógrafo en ciernes de don Mónico Sánchez, ilustre hijo del vecino municipio de Piedrabuena. ¿Don Mónico? Sí señor, el fabricante de aquel aparato, inventor de otros muchos ingenios electromecánicos y presidente de las poderosas Electrical Sánchez Company de Nueva York y la Continental Wireless Telephone Company. No supe qué me causaba mayor pasmo, si el contagioso entusiasmo del ingeniero o lo que me estaba contando: ¿teléfonos móviles un siglo antes de su desarrollo? ¿Un manchego tras ellos? Pletórico, el profesor me dijo: aquí lo tiene. Una fotografía antigua de tonos pardos mostraba varios stands de una feria de muestras. El de la empresa de don Mónico estaba flanqueado por el de General Electric Company y el de Siemens.

Cuarto hijo de una familia muy humilde, Mónico trabaja como recadero primero y dependiente de comercio después. Le atraen los inventos pero la única vía de estudio que se le ofrece es un curso por correspondencia en inglés. Sabe leer y escribir en español con dificultad. Quiere estudiar ingeniería en Madrid y se ríen de él: cómo va a ingresar en la universidad si no tiene ni el bachiller elemental. En Estados Unidos no tienen en cuenta más que la valía personal. Y así terminó Mónico en Nueva York. O empezó, porque a su regreso en 1913 construyó en Piedrabuena la mayor fábrica de ingeniería eléctrica de España llevando con ella agua y electricidad a todo el pueblo. Pero la historia de este país pasó por encima de don Mónico y aquel ingenio de prosperidad y tecnología creativa sucumbió. Los políticos que claman henchidos de satisfacción las virtudes de la innovación para el futuro deberían escuchar al entusiasta ingeniero hablar de don Mónico Sánchez. Cuando quieran les doy sus señas.