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Pasilleros al poder

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Supongo que en todos los ámbitos laborales existen los pasilleros, pero es en la universidad donde se ha acrisolado el término. Son aquellos individuos que se pasan la vida charlando en los pasillos o recorriéndolos yendo de despacho en despacho con ánimo intrigante. Los teléfonos, los SMS, las videocámaras y los e-mail no les bastan por más que abusen de ellos, porque los encantos personales no se despliegan bien por esos medios. Salvo excepciones, los pasilleros suelen ser personas agradables y en muchas ocasiones de cierta utilidad. Hasta ciertos límites, claro. Lo único que no hacen es trabajar en lo que debieran, que en el caso de la universidad es investigar. Nadie se equivoque ni elucubre sobre si los profesores universitarios han de investigar y no sólo enseñar, porque en caso de duda existencial nada la despeja mejor que el BOE: la falta de actividad investigadora puede conllevar sanciones administrativas e incluso la expulsión de la universidad. Así de claro es, por insólito que parezca porque creo que jamás se ha aplicado castigo alguno por no investigar.

El motivo de que los pasilleros hayan progresado tanto es que en infinidad de universidades son los que tendrían que sancionar, o sea, que han tomado el poder. Si se analizara el currículum de muchos rectores de universidad se nos pondría cara de lelo. Pero no nos preocuparía, porque un rector de historial pasillero suele tener contento a todo el mundo: a los estudiantes se les exige lo mínimo, a los profesores se les estabiliza y promociona sin grandes pretensiones y al personal de administración y servicio se le adula en todos los aspectos laborales, porque, al fin y al cabo, todos votan, como debe ser. El único problema puede surgir cuando a la universidad se la evalúa externamente por un panel internacional. Ante el resultado negativo, el rector pasillero no puede más que hablar de injusticia, de agravio a su comunidad autónoma, de falta de rigor y falsas jeremíadas de ese estilo.

Sostengo sinceramente que la defensa nacional la puede dirigir alguien que no haya hecho la mili, un hospital un gerente que no sea médico y un ministerio de fomento una persona sin estudios superiores, pero no un sargento patatero, un mal cirujano y un ingeniero chapucero, respectivamente. La ministra Garmendia ha situado al frente de la investigación científica del país a un pasillero de currículum investigador sonrojante. Tan aviados estamos como aviada ha quedado la universidad de Zaragoza después de haberla regido el flamante secretario de estado durante ocho años. Eso sí, dicen que es un buen gestor, dialogante y muy trabajador…