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La magia de la ciencia

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

¿Hay algo más pasmoso que la magia o el ilusionismo para un niño o adulto imaginativo? En mi caso, nada. Por eso la ciencia me ha hecho disfrutar toda la vida. La ciencia es la enemiga mortal y por fin gloriosamente triunfante (o no) de la patraña, el ocultismo y la sinrazón de mitos y religiones, pero no de la honrada y fascinante habilidad de magos e ilusionistas. Busco en Internet las categorías y efectos del ilusionismo y encuentro todos a los que mi padre me aficionó de niño y pienso en cómo la ciencia los ha hecho realidad. ¡Tachan, tachan, comienza el espectáculo!

Generación, el mago crea algo de nada: un conejo de una chistera vacía, un ramillete de cartas del aire, incluso él mismo de una voluta de humo. Las fluctuaciones cuánticas del vacío producen sin causa pares electrón-positrón que justifican hasta la generación del propio universo en un grandioso Big Bang. Desaparición, el mago hace desaparecer monedas, su bella ayudante e incluso la Estatua de la Libertad. Los médicos observan en el enfermo de dolencia grave cómo se esfuman las antipartículas emitidas por el radioisótopo inyectado dando lugar a imágenes espectrales que les ayudarán a diagnosticar. Transformación, el mago convierte cosas de un estado a otro como una mujer en un tigre, pañuelos de seda de un color a otro y cartas en otras distintas a las elegidas por el público. Las reacciones químicas son capaces de romper, alterar y recomponer grandiosos moleculones a voluntad del químico ayudado misteriosamente por extraños catalizadores. Restauración, el mago destruye objetos que después recompone incluida su ayudante segada por la mitad con espeluznante serrucho. Los aceleradores de partículas llevan a cabo procesos de ese estilo en número insólito y calidad insospechada. Teleportación, el mago mueve objetos de un lugar a otro sin tocarlos incluyendo a su ayudante desde una caja del escenario hasta el fondo del teatro. Nuestro Gran Cirac, posiblemente el más aventajado físico español, domeña la mecánica cuántica hasta hacer vislumbrar no sólo la teleportación de la información y las partículas mágicamente sino con provecho para la futura computación cuántica.

La levitación, la escapología y la penetración son fenómenos familiares en cualquier laboratorio científico que maneje núcleos, átomos, moléculas y materia condensada. La última clase de magia, la predicción, es tarea corriente de la física teórica siendo la confirmación experimental una de las más excelsas satisfacciones de la investigación. ¿Necesita un chaval mayor motivación para dedicarse a la ciencia con tesón y entusiasmo?