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La Ley de la Ciencia

ORÍGENES// JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, BurgosLos primates somos mamíferos con una gran dosis de curiosidad y los humanos hemos llegado a un extremo asombroso en ese comportamiento. Tanto es así que muchos dedicamos nuestra vida a la búsqueda de nuevos conocimientos. Lo llamamos vocación científica aunque, para ser más precisos, se trata en realidad de un irrefrenable impulso biológico por desentrañar los misterios de lo desconocido. Este mismo impulso ha llevado a muchos a descubrir nuevas tierras o tratar de alcanzar otros planetas. Nuestra obsesión por encontrar nuevas estrellas, combatir enfermedades, entrar en el mundo de las partículas subatómicas o averiguar el origen de nuestra especie nos ha conducido a un momento yo diría que muy interesante de la historia del planeta.El logro de algún objetivo científico hace que sintamos un gran placer mental, que se multiplica por mil cuando ese logro se produce en el seno de un equipo y la sensación es colectiva. La recompensa del descubrimiento es ciertamente un momento muy especial, que resulta todavía más placentera cuando sabes que tu futuro como científico no está comprometido con una situación laboral inestable.Después de 30 años de profesión todavía sigo asistiendo a la desilusión de docenas de prometedoras carreras científicas frustradas por la ausencia de un futuro razonable. Resulta paradójico que la mayoría hayamos alcanzado la estabilidad laboral después de haber dejado atrás los momentos más creativos de nuestra mente, a veces más preocupada por un futuro laboral digno e impredecible, que ocupada en el propio objetivo científico.Ya lo comenté en una ocasión: un país no se construye sólo con ladrillos, sino con las mentes bien formadas de las personas que lo conforman.Por eso es absolutamente imperativo que exista una preocupación en los gobernantes por canalizar de una manera razonable, digna y predecible ese irrefrenable deseo por alcanzar metas de conocimiento de los jóvenes que se lo propongan. El científico no busca una vida llena de lujo y comodidades; nada más lejos de sus valores personales. La satisfacción de los objetivos logrados es su mayor recompensa. Pero el científico necesita desarrollar su trabajo con un futuro estable.Cualquier iniciativa para mejorar las condiciones de trabajo de los científicos, como la Ley de la Ciencia que se debate en la actualidad, debe salir adelante cuanto antes. No se trata de una simple reclamación laboral, sino de comprender que el futuro de cualquier país pasa por la creatividad y capacidad innovadora de las mentes de sus ciudadanos. Desarrollar y canalizar la carrera científica debe ser un objetivo prioritario para cualquier gobierno, porque se puede conseguir mucho con muy poco esfuerzo.