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Antártida global

VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO

* Profesor de investigación del CSIC

Como el resto del planeta, la Antártida y las islas subantárticas se están calentando. Ello abre la posibilidad de que sean colonizadas por especies que hasta ahora no podían vivir allí. En otros tiempos, los recién llegados habrían sido, con toda probabilidad, propágulos transportados por el viento o las aguas, o quizás viajeros en un tronco de deriva o en las patas o el pico de algún ave, y seguramente procederían de áreas cercanas. Hoy, en cambio, en la aldea global, es más fácil que lleguen con los humanos y procedan de cualquier sitio.

Normalmente detectamos las invasiones que han tenido éxito, pero es mucho más difícil medir la frecuencia e intensidad de los intentos de invasión, que llaman los estudiosos presión de propágulos. Jennifer Lee y Steven Chown se han dedicado a cuantificar las semillas de especies exóticas que inadvertidamente eran introducidas en la Antártida cada campaña de campo tan sólo por los miembros del Programa Antártico Nacional Surafricano (Ecological Applications 19, 2009). Para ello, han revisado una muestra al azar de los contenedores de material y de las ropas y calzado de los técnicos e investigadores. Utilizando unos aspiradores, y rebuscando en las partes conocidas por ocultar más restos (bolsillos, costuras, interior del calzado), recogieron todas las muestras orgánicas posibles.

Pese a que la limpieza rigurosa del material es exigible antes de viajar a la Antártida, detectaron fragmentos de invertebrados, materia orgánica, porciones de plantas y, sobre todo, semillas. En 193 piezas de carga había 800 semillas correspondientes a plantas de 22 familias y 57 géneros, mientras que en 933 ropas o calzados de 127 viajeros hallaron 606 semillas de 20 familias y 70 géneros. Son números muy relevantes. Parte de esas semillas foráneas ya se conocían como especies invasoras antárticas, pero otras no lo eran aún y muchas, probablemente, no lo serán nunca. Aún así, la vigente prohibición de introducir plantas y animales en la Antártida es violada sin querer por los propios programas que velan por la integridad del territorio. ¿Cómo mejorar las medidas para mitigarlo? Esterilizar el material a elevadas temperaturas ayudaría, pues impide la posterior germinación, pero genera un curioso conflicto: la sofisticada ropa técnica imprescindible en aquellas latitudes pierde sus virtudes con el calor. Los australianos lo hacen de otro modo: la ropa de fuera, al menos cuando es de riesgo, no puede viajar a la Antártida; allí te prestarán la necesaria.