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La república nuclear

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

No se alarme el lector, ¡que esto no va de energía nuclear! Trata del núcleo atómico, que no es lo mismo aunque la relación sea obvia. El átomo de los griegos consiste en unos nubarrones electrizados en cuyo centro está el núcleo. Si éste tuviera el tamaño de una perla, el átomo completo tendría el porte de un estadio de fútbol. El núcleo lo componen los neutrones y los protones, o, indistintamente, nucleones. Los primeros son neutros desde el punto de vista eléctrico y los protones son tan positivos como negativos son los electrones de las nubes. Sabemos que las cargas del mismo signo se repelen. ¿Qué mantiene unidos a los protones en tan minúsculo espacio? Lógicamente, una fuerza atractiva muchísimo más intensa que la repulsión eléctrica. Es la fuerza nuclear que si se libera a lo bestia lo hace en plan bomba atómica y si lo hace educadamente, o sea controlada a placer, nos puede reportar alegrías (y grandes broncas).

La situación más estable de dos nucleones es estando situados en la misma órbita y viajando el uno al encuentro del otro. Chocarán, claro. En cuanto lo hacen, se colocan en otra órbita igual que la anterior pero orientada un cierto ángulo con la primera. Chocan otra vez y ambos se van a otra órbita orientada de distinta manera. No pueden situarse en otra superior o inferior, porque estarán ocupadas por otras parejas enfrascadas en el mismo baile. Salvo que estén en la superficie del núcleo, naturalmente, lo cual hace que ésta sea difusa y no abrupta. Estos choques, orientaciones y reorientaciones lo hace cada pareja de nucleones más de mil trillones de veces por segundo. ¿No es una danza fantástica? Así están emparejados los nucleones. Es muy original porque, además, lo normal es que los neutrones se emparejen entre sí y los protones también. Hasta hace muy poco no se están descubriendo parejas heterosexuales… perdón, un protón y un neutrón emparejados. Esta es la armonía nuclear, la cual no es monárquica en el sentido de que no tiene ningún centro como el Sol en el sistema solar o el núcleo en el átomo. Aquí, cada nucleón se mueve al dictado de los demás, a modo de república popular.

De vez en cuando, algunos núcleos estallan largando pelotazos como obuses, partículas delicadas y elusivas o resplandores. Es la radioactividad alfa, beta y gamma. Esa es otra historia tan bella y apasionante (e inquietante) como la anterior. Si el lector encuentra raro y desaforado este alegato a favor del núcleo atómico, que disculpe al autor que apela a don Antonio Machado: "A las palabras de amor les sienta bien su poquito de exageración".