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El georreactor

EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA

* Catedrático de Física atómica, molecular y nuclear en la Universidad de Sevilla

Una vez me preguntaron si el calentamiento global podría deberse a alteraciones térmicas del interior de la Tierra y no de la atmósfera. Los planetas se formaron a partir de jirones de materia ardiente desgajados del Sol durante su formación como estrella. Ésta sigue brillando gracias a las reacciones nucleares activas en su interior y los planetas no hacen más que enfriarse. Pero este enfriamiento aún no ha impedido que las zonas profundas de la Tierra, en particular el núcleo central, estén a varios miles de grados y que este calor no sea uniforme.

Precisamente, el hecho de que el núcleo gire de manera distinta al resto del planeta es lo que, a modo de dinamo, genera el campo magnético terrestre que nos abriga de algunas espeluznantes radiaciones cósmicas. Sin él no existiría la vida. Sabemos que todo esto se altera más o menos periódicamente e incluso espontáneamente, por lo que la pregunta era buena, aunque la respuesta es que no. La Tierra emite unos 50 TW (teravatios o billones de vatios), lo que supone un flujo de pocos milivatios por metro cuadrado que equivale a cinco mil veces menos energía de la que recibimos del Sol.

El efecto invernadero y otros fenómenos ligados a la radiación solar son los que pueden alterar el clima, y no la dinámica interna del planeta. Si embargo, de todo esto surge una cuestión interesante.

La información que tenemos del interior de la Tierra proviene de las ondas provocadas por los terremotos y de la materia expelida por los volcanes. Esto nos ofrece un modelo que explica unos 32 TW una vez tenido en cuenta el calor desprendido por los mantos radiactivos que bullen bajo la corteza. ¿Qué provoca el resto del calor hasta los 50 TW? Se sugirió que era debido a un reactor nuclear natural de fisión de uranio desencadenado en el centro de la Tierra al que se llamó el georreactor. La idea no era tan loca puesto que en Oklo (Gabón) se desató hace 1.800 millones de años una reacción en cadena natural que generó 15.000 Megavatios-año durante 500.000 años. El georreactor equivaldría a unas 5.000 centrales nucleares convencionales y, además, sería el motor de la dinamo que produce el campo magnético.

La mejor manera de averiguar la existencia del georreactor es detectando los antineutrinos provenientes de él, tarea ímproba porque esas partículas son tan elusivas que su detección exige detectores titánicos de precisión inaudita. A los antinucleares apasionados les puede complacer saber que pronto se van a publicar datos que parecen indicar que el georreactor no existe. Quizá les resultaría inquietante saber que la vida se debe a que semejante prodigio nuclear alborota el centro de la Tierra.