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Univers(al)idad

EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático

Robert Pirsig es conocido sobre todo por su primer libro, publicado en 1974: Zen y el arte del mantenimiento de la motocicleta, y también por algunas de sus contundentes sentencias, como por ejemplo: "Cuando una persona sufre un delirio, lo llaman locura; cuando muchas personas sufren un delirio, lo llaman religión". Y una de sus frases más conocidas, relativa a la universidad, tiene mucho que ver con lo debatido en esta sección durante las últimas semanas: "La verdadera universidad no está en un lugar específico. No posee propiedades, no paga salarios ni recibe aportes materiales. La verdadera universidad es una disposición mental".

Con la fundación de la Universidad de Bolonia, en el siglo XI, se inició en Occidente (en Oriente hubo antecedentes mucho más antiguos) un proceso de concentración y sistematización del saber que supondría un salto cualitativo comparable, mutatis mutandis, al de la agrupación de células simples en los primeros organismos pluricelulares. Tras la invención de la escritura, puede que la proliferación de universidades europeas en la Edad Media (Bolonia, Oxford, París, Módena, Cambridge, Palencia, Salamanca, Padua, Nápoles…), que en poco más de cien años superaron la docena, sea el segundo hito más importante en la evolución de la noosfera. El tercero sería la invención de la imprenta y la difusión masiva de los libros, que hizo posible la revolución humanista del Renacimiento. El cuarto, el descubrimiento de una nueva e insospechada galaxia más allá de la de Gutenberg: la de los medios de comunicación electrónicos, electromagnéticos y audiovisuales (telégrafo, teléfono, radio, fotografía, cine, televisión…). El quinto, la eclosión de la informática y la creación del ciberespacio. ¿El sexto?

No son etapas separadas ni linealmente sucesivas, no son universos paralelos ni galaxias-isla: coexisten y se fecundan mutuamente, en una dialéctica incesante. Y la universidad, hoy como en la Edad Media, desempeña un papel central. ¿Qué universidad? La que, como dice Pirsig, es, ante todo, una disposición mental. Porque la mente individual y la colectiva no son cosas separadas ni separables, sino aspectos de un mismo proceso. La diferencia entre la colonia de insectos y la humana es que la hormiga, como individuo, es la misma en el hormiguero que fuera de él, mientras que el ser humano lo es en la medida en que es miembro de una sociedad, y sin ella es poco más que un mono desnudo.  Valga como sucinta respuesta a los lectores que preguntaban si puede haber una mente colectiva: lo que no puede haber es una mente individual.