La ciencia es la única noticia

Israel y el origen de 'Homo sapiens'

ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO

* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos

A finales de 2010, coincidiendo con la Navidad, nos llegaba la noticia del estudio de ocho dientes humanos procedentes de la cueva de Qesem, situada a 12 kilómetros de Tel Aviv, y datados entre 400.000 y 200.000 años. Los autores del trabajo, publicado en una revista norteamericana de cierto prestigio, anunciaban a bombo y platillo haber encontrado en ese lugar los restos humanos más antiguos de nuestra especie.

La primera noticia no me sorprendió, por cuanto que desde hace varios años nuestro equipo viene defendiendo que la región de Oriente Próximo ha debido de jugar un papel importante en el último millón de años de la evolución del género Homo. Esta región no es sino la prolongación del Valle del Rift africano, que tiene su origen frente a la costas de Madagascar y muere en el valle del Jordán. Un verdadero cruce de caminos entre África y Eurasia. Así que ¿por qué no pensar que el origen de nuestra especie pudo estar ligado a esta región? Al fin y a cabo, las evidencias más antiguas del registro fósil de Homo sapiens se han encontrado en el Valle del Rift (Etiopía) y su antigüedad puede alcanzar hasta los 250.000 años de antigüedad.

Pero cuando tuve ocasión de leer el artículo en cuestión me di cuenta de que en la noticia había cierto oportunismo. En primer lugar, y como todo el mundo conoce, cada datación radiométrica es un dato numérico, que va acompañado de su correspondiente margen de error. Aunque ese margen no se ofrece en el artículo, los autores afirman que los dientes (hallados en capas distintas) podrían tener entre 420.000 y 200.000 años de antigüedad; es decir, que la horquilla de edades se solapa con las ya obtenidas para el origen de Homo sapiens. En segundo lugar, los autores ofrecen tres hipótesis equiprobables para interpretar sus hallazgos. Pero se quedan con la que puede ofrecer más notoriedad y descartan la que, en mi opinión, resulta más creíble a juzgar por la excelentes imágenes de los ejemplares. Los dientes son muy similares (si no idénticos) a los de los neandertales, una especie que vivió durante miles de años en buena parte de Eurasia, incluido Oriente Próximo. Su definitiva desaparición, hace unos 30.000 años, coincide con el avance demográfico incontenible de nuestra especie.

Ocho dientes no pueden ser un argumento suficiente para demoler una hipótesis avalada por docenas de trabajos realizados en el ámbito de la paleoantropología y de la genética. Estoy convencido de que los autores son conscientes de ello. Los medios de comunicación deberían ser un poco más prudentes y comprobar la fiabilidad de las informaciones antes de lanzar las campanas al vuelo. Algunos medios se han dejado llevar por el simbolismo de la región y de la época navideña. Me temo que hace 400.000 años Dios aún no habitaba en la mente de los seres humanos. O al menos no hay datos que avalen esa hipótesis.