Ciudadano autosuficiente

Siete curiosidades sobre tu coche

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1. Es demasiado grande, demasiado pesado, demasiado potente y demasiado veloz

¿Un trasto de más de mil kilos de peso para llevar a una persona de 70? Cualquier ingeniero se llevaría las manos a la cabeza. No solo es el tonelaje absurdo, sino el espacio que ocupa: unos seis o siete metros cuadrados, un cuarto no muy pequeño. Con esas dimensiones debería ser cómodo, pero no lo es. Solo los taxis de Londres están diseñados para ser conducidos u ocupados por caballeros: en ellos se puede entrar y salir de pie. En los demás coches, hay que derrumbarse sobre el asiento y salir reptando a continuación.

Lo mismo ocurre con el motor. No es raro ver a utilitarios con motores de 100 hp, suficientes para hacer despegar una avioneta, cuando 20 hp o menos sería más que suficiente, sobre todo teniendo en cuenta los límites legales de velocidad. Muchos coches a la venta pueden moverse a más de 200 km/h, cuando el límite máximo (en autopista) es de poco más de 120. La potencia extra es dinero que pagas de más por el coche, tanto a la hora de comprarlo como de alimentarlo de gasolina.

2. Está hecho para ser conducido por un profesional, no por un aficionado

Cuando los primeros coches se pusieron a la venta, hace mucho más de un siglo, estaban pensados para ser conducidos por chóferes profesionales o por deportistas de buena familia. Hay que tener en cuenta que conducir un coche exige atención constante, buen ojo y finura de reflejos. No mucha gente los tiene. Una décima de segundo de dejar de prestar atención a la carretera puede suponer un grave accidente. Solo en los últimos 25 años (en España) el coche ha causado unos 75.000 muertos y casi un millón de heridos de consideración. Por esta razón, se está trabajando mucho en vehículos de conducción automática.

3. Utiliza una tecnología muy primitiva

Tan antigua, que el primer automóvil rodó por las calles en el siglo XVIII, en 1771 para ser exactos. No hagas caso de la palabrería de los fabricantes (eco-boost, common rail, turbo-speed, etc.). Tu coche se mueve quemando combustible en un motor de explosión diseñado en 1876 y que no ha cambiado sustancialmente desde entonces. Eso explica muchas cosas: las averías frecuentes, la vibración, el traqueteo, el ruido y el penacho de humo que suelta tu vehículo. Gran diferencia con  los vehículos eléctricos, casi inmunes a las averías, silenciosos y limpios.

En realidad, tu coche debería ser eléctrico. No es ninguna alucinación ecologista: hubo un tiempo, allá por 1905, en que se vendían más coches eléctricos que de gasolina. En algún universo paralelo, los coches más corrientes son eléctricos, y los de motor de explosión una curiosidad que no se puede usar dentro de las ciudades. Pero de eso hablaremos otro día.

4. Es un instrumento de control mental

Aparte de la dedicada a la conducción, el coche requiere nuestra constante atención. A saber: llenarlo de combustible al mejor precio (lo que requiere fatigosas excursiones por gasolineras app en mano), cambiarle el aceite, comprobar la presión de los neumáticos, llevarlo de vez en cuando al taller, pasar la ITV, consultar la web comparadora de comparadores de comparadores de seguros, pagar las multas, recurrir las multas, lavarlo, buscarle aparcamiento (duro trabajo como pocos), buscarlo después, comentar lo bien que funciona con los cuñados, etc.

Sin contar el tiempo perdido en atascos ni las altas y bajas municipales en los registros correspondientes. Ni la desazón si lo dejas solo en la calle, a merced de cualquier desalmado. O el ancestral temor a la grúa, a los parquímetros y a tantas cosas más.

El precio de la gasolina es el mejor sistema de manipulación política inventado jamás: tiene a millones de personas en vilo por si sube o baja, y ha creado una próspera industria de aplicaciones para móviles para buscar la gasolinera que sea unos céntimos más barata. Por cierto, sin ánimo de encizañar: en coste de combustible por km, el coche eléctrico es diez veces más barato que el de gasolina o gasoil.

5. Engorda, estriñe y provoca otras enfermedades diversas

Hay una estrecha relación entre la epidemia de obesidad, diabetes, enfermedades cardiovasculares y estreñimiento y el uso frecuente del coche. En realidad, los fabricantes de danacoles y activias están aliados  con los fabricantes de coches. Por cierto, el olor a coche nuevo está compuesto por docenas y docenas de sustancias químicas orgánicas poco recomendables, que emanan de la rica variedad de plásticos que forman el habitáculo. Todo eso sin entrar en el amplio tema de las enfermedades mentales derivadas del uso del coche: stress, paranoia, agresividad, síndrome del parquímetro hostil, etc.

6. Es tirar el dinero

...a no ser que lo uses para sacar adelante tu profesión (por ejemplo si eres médico rural o viajante) y lo puedas incluir por lo tanto en la factura de tus servicios profesionales. Pero este no es el caso habitual. En la mayoría de los casos, el coche se utiliza esporádicamente, por ejemplo para llevar la familia de vacaciones, o en viajes cotidianos que se podrían hacer perfectamente en transporte público o incluso andando (aunque no te lo creas, aproximadamente un 20% de los viajes en coche son para trayectos inferiores a 500 metros).

Mucha gente se sorprende cuando se pone, calculadora en mano, a sumar todos los gastos que supone el coche en propiedad. Es sencillo, aunque un poco laborioso. Primero, divide lo que te costó comprar el coche por diez (años), un plazo de uso razonable. Luego, suma a esta cantidad los pagos en gasolina o gasóleo, ITV, seguro, aparcamiento, multas, taller, impuestos municipales, peajes, etc. El resultado rondará los 5.000 euros al año, no mucho menos de lo que te costaría tener un caballo bien mantenido en una cuadra de postín.

7. Molesta a los demás

Las seis características anteriores seguramente ya las imaginabas, pero esta sí que te sorprenderá. El coche resulta molesto para los seres humanos que comparten contigo el planeta. Cuando solo había unos pocos Ford Modelo T saltando por los caminos resultaba simpático, pero una calle mediana de una ciudad actual puede tener una intensidad diaria de tráfico de unos 50.000 vehículos, que reducen a cero toda posibilidad de vivir bien allí. Otro día hablamos de la relación entre el coche y el  cambio climático, las guerras petroleras, etc.