Ciudadano autosuficiente

La vida sin petróleo

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Por Jesús Alonso

Esta mañana he decidido dejar el petróleo. No se trata de ninguna actitud antisistema, sino de algo en lo que la ONU y el Gobierno insisten desde hace décadas: "la sociedad occidental debe desintoxicarse y abandonar su adicción al petróleo". Debe ser algo parecido a dejar de fumar.

Para empezar, la página web de la AOP (la asociación de operadores de productos petrolíferos)  no da muchas esperanzas: en ella se dice, tajantemente, que "la mayoría de los objetos que nos rodean en nuestro día a día son derivados del petróleo". Desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. Desde el material de que está hecho el exprimenaranjas al plástico que forma la carcasa del despertador.

La industria proporciona películas animadas donde la desaparición del petróleo de nuestras vidas equivale a la desaparición de todas nuestras posesiones, de la luz y hasta del aire. Lord Browne, presidente de British Petroleum, resumió magistralmente el argumento en una reunión anual de la industria llamada acertadamente Oil&Money: "Sin petróleo" –dijo– "el mundo sería un lugar oscuro, frío y miserable". Sin querer contradecir a Su Señoría, la verdad es que no es para tanto.

Vamos por partes. Tal vez sorprenda saber que la mayor parte del petróleo que se consume en España es en forma de combustible para coches. Luego basta con no tener coche para quitarse de encima las dos terceras partes de la adicción al petróleo. Es fácil, el 95% del tiempo está aparcado y sin uso. Pero ya puedo escuchar las objecciones petróleoadictas:¿Acaso el transporte público no consume petróleo? Pues la verdad es que bastante menos. El metro gasta electricidad, y los autobuses, muchos de ellos, queman biodiesel, hidrógeno o gas natural. Algunos son eléctricos.

Vamos al asunto de los objetos cotidianos, mucho más peliagudo.
La verdad es que es difícil mirar a nuestro alrededor y no ver algún objeto hecho a base de petróleo. Se trata de los plásticos, desde bolsas desechables a la carcasa del ordenador. También aquí hay buenas noticias. Las bolsas desechables de plástico están en franco retroceso, ya solo se fabrican menos de la mitad de las que se fabricaban hace un década.

Se puede contribuir a su extinción y a la del envase de plástico desechable en general llevando nuestras propias bolsas y envases reutilizables a la compra y comprando a granel, un sistema revolucionariamente innovador que se extinguió hacia 1970. Además, muchos plásticos ya no están hechos a base de petróleo, sino de componentes vegetales, madera, restos de maíz, etc. En cuanto a la ropa, olvídate del poliéster, compra algodón, que es bueno y barato.

El último apartado petrolero es el más difícil de abandonar. Se trata de la comida. Ya saben, "patatas hechas con petróleo". Se refiere al combustible que gasta el tractor y la maquinaria agrícola en general, así como el camión o el barco que lleva los alimentos a nuestra mesa. etc. La verdad es que aquí poco se puede hacer, salvo intentar comprar los míticos alimentos criados cerca de nuestro domicilio. Podéis encontrarlos en mercados y mercadillos.

Hagamos balance. El año pasado tocamos a un poco más de una tonelada de petróleo por persona, en España. Se puede calcular que tomando las sabias medidas apuntadas arriba esa cifra se puede reducir fácilmente a una décima parte, apenas un par de litros por semana. Entonces podremos cantar esta antigua canción marinera algo modificada(*):

Adiós para siempre, gasolinas y gasóleos / Fuelóleos y querosenos, por siempre adiós.

(*) La versión original dice: "Adiós para siempre, damas españolas / Damas españolas, por siempre adiós")