Opinion · Ciudadano autosuficiente

¿Eres antiespecista?

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Se multiplican las personas que se consideran como antiespecistas, pero ¿cuál es ese nuevo “fenómeno” que entra en el debate público? Básicamente, ser antiespecista significa ser antirracista a nivel de especies. Un antiespecista no hace distinción entre las diferentes especies (mujeres y hombres incluidos) porque las considera como iguales dado que son todas animales. Por lo tanto, ser especista significa discriminar a otros seres vivos en función de su especie.

El antiespecismo no es un movimiento hippie o religioso cuyo miembros hablan con los animales, los veneran, creen en la reencarnación o no sé qué. Es un movimiento necesario para que los humanos adopten un comportamiento responsable y sostenible, con el fin de evitar abusos en los animales y respetarlos como respetamos a nuestros semejantes, los seres humanos (bueno, puede ser un poco optimista afirmar eso, pero es otro debate…). Ser antiespecista significa exigir un mejor modelo de consumo. Si deseamos que todos los animales sean tratados con respeto necesitamos poner fin a las industrias actuales en las cuales las sevicias son numerosas (véase el artículo crueldad en los mataderos). ¡Carnívoro, no te preocupes! Puedes ser antiespecista y seguir comiendo carne o pescado, sólo tienes que respetar lo que comes.

Salvar sólo las especies lindas

Sin embargo, el combate de los antiespecistas todavía tiene que recorrer un largo camino. Lleva a un interrogante primordial: ¿son los humanos animales? Encontrar una respuesta necesita un debate filosófico muy importante y lleva a cuestiones esenciales: ¿por qué nos comparamos sólo con mamíferos y no con insectos?, ¿por qué valemos más que una vaca, un perro o un escarabajo? La desigualdad ya es enorme con los animales grandes, pero se vuelve aún peor con los bichos. ¿Quién quiere ser comparado con un gusano o una babosa? Somos incapaces de valorarlos porque mucha gente tiene dificultad en afirmar que los bichos más pequeños tengan un papel. “Los mosquitos no sirven para nada salvo picarte, molestarte cuando vuelan alrededor de tus orejas, difundir enfermedades…”, no tenemos vergüenza en matar a una mosca o a un bicho pequeño que pasa por aquí sin pedir nada… Es verdad que todas las especies no tienen el mismo papel, hay unas más importantes que otras, pero ¿es una excusa para matarlas o torturarlas? De hecho, no creo que el humano tenga un papel muy importante para el mantenimiento del planeta…

Hace poco nos dimos realmente cuenta de que nuestra vida dependía en gran parte de las abejas (¡imaginaos, dependemos de un insecto!), pero las abejas mueren por culpa de una sociedad especista (¡qué bien, otro adjetivo a añadir a una lista ya larga!) que no duda en utilizar pesticidas. Nos preocupamos más por los animales bonitos que por las especies claves para la humanidad. Un estudio destacó que la gente tenía más ganas de salvar a los animales que tienen rasgos de bebes humanos (una frente grande, una nariz pequeña y ojos redondos). Por lo tanto, los otros no tienen muchos interés… Nos focalizamos en especies “emblemáticas” (el lince, el águila, el tigre, etc.) que están en claro peligro de extinción, pero menos en otras que nunca consideramos porque no tienen tanto atractivo, sin embargo son claves para nuestra vida. Hay que ver más allá de los artículos de portada que buscan generar emoción.

The Great Ape Project

El Proyecto Gran Simio podría ser una forma concreta de antiespecismo. Es un programa internacional que busca dar más derechos a las especies de grandes simios (los chimpancés, los gorilas, los bonobos y los orangutanes), como el derecho a la vida, la protección de la libertad individual, la prohibición de la tortura, etc. Uno de los autores del programa, Richard Dawkins se hizo famoso por su “racionalismo”. Creo que esa palabra tiene todo su sentido: los que luchan en contra del especismo son racionales, no consideran el humano como un ser superior.
Aunque incluye sólo pocas especies, la iniciativa Gran Simio merece apoyo porque busca lo mejor para aquellas. A nosotros nos toca difundir el movimiento hacia otras especies.

Elvina Mocellin