Ciudadano autosuficiente

El Modelo Seseña genera riqueza

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Lo difícil no es matar a alguien, lo difícil es deshacerse del cadáver. Esta gran verdad se puede aplicar al vertedero de neumáticos de Seseña. Alguien pensó que prender fuego a las 100.000 toneladas de neumáticos amontonadas allí sería una buena idea, y ya tenemos una columna de humo negro del tamaño de un rascacielos vomitando toda clase de sustancias tóxicas en nuestra sufrida atmósfera. Ante esta catástrofe ambiental, las administraciones públicas implicadas ya están pasándose el muerto –nunca mejor dicho– una a otras, prometiendo investigaciones a fondo y rasgándose las vestiduras a base de  expedientes sancionadores.   Pero el incendio del vertedero no es solamente una catástrofe ambiental. El vertedero de neumáticos y su urbanización aneja, El Quiñón, son dos partes importantes de nuestro modelo económico actual.

La publicidad del Residencial Francisco Hernando, en Seseña (Toledo), tras preguntar ¿Cuántas veces has soñado con un jardín enorme y una piscina? prometía La vivienda que puedes comprar, con entrada única desde 3.000 € y mensualidades desde 600 €. Es cierto que en la Comunidad de Madrid hay casi 300.000 viviendas vacías, según cifras oficiales, y que tendría lógica alquilarlas o venderlas en vez de construir pisos nuevos. También dice el INE que una de cada cinco viviendas construidas en los últimos diez años está vacía. Todo eso es verdad, pero alquilar viviendas de segunda mano no da dinero. O no da tanto como construir miles de viviendas lejos, muy lejos de donde la gente trabaja.

Eso garantiza que la gente tendrá que comprar un coche y usarlo todos los días. Los coches tienen cuatro ruedas y cuatro neumáticos, que tras un uso prolongado se desgastan y deben ser reemplazados. Muchos neumáticos se reutilizan in situ, se recauchutan con un sencillo procedimiento y se quedan como nuevos. Otros neumáticos usados se pueden reciclar triturándolos y usando el material resultante como material de construcción. Pero también sale a cuenta tirar los neumáticos viejos en cualquier parte y fabricar otros nuevos. Reciclar es laborioso, usar y tirar es más sencillo y da más dinero.

La ciudad semifantasma de El Quiñón y el vertedero de neumáticos anejo (no hay más que cruzar la carretera) son las dos caras de la misma moneda, la economía antigua basada en la fabricación y venta masiva de cosas cuya necesidad se crea artificialmente y que terminarán en un vertedero, donde a veces no habrá más remedio que quemarlas. La columna de humo negro de Seseña es la más espectacular manifestación de este modelo, otras no son tan visibles. Dicen que hay otro modelo posible, basado en la economía circular, el consumo colaborativo, el transporte público, el autoconsumo de energía, ser usuario en vez de propietario, etc. Este nuevo modelo está emergiendo con fuerza: ¿conseguirá paliar el desastre del Modelo Seseña?

Jesús Alonso Millán