Ciudadano autosuficiente

Aunque no te lo creas, la comida ecológica es más barata que la industrialista

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Todos hemos tenido la experiencia de caminar por las estanterías de un supermercado ecológico, dando un respingo a cada paso por los precios que –parecen– astronómicos. Algo así como el doble de caros como mínimo. Y nos decimos que todo eso de la comida ecológica está muy bien, pero que no nos llega el presupuesto.

Pues puede que estemos equivocados, por tres razones principales:

Necesitas comprar menos
Como dice Michael Pollan, el gran experto en la comida sostenible, nos atiborramos de comida basura en un intento inútil de obtener el alimento que necesitamos. Puedes hacer la prueba de las galletas industriales. Es imposible comer solamente uno o dos, de lo ricas y untuosas que están (la textura untuosa es un efecto del aceite de palma). Terminas devorando media docena o más. En realidad lo que obtienes es cierta cantidad de grasa industrial (media docena de tipos de aceites presurizados y transformados), un montón de azúcar y cierta cantidad de harina refinada. Eso sin contar la docena larga de aditivos. Compáralo con un dulce de los que hacían y comían nuestros bisabuelos, a base de harina de fuerza, azúcar (a veces moreno) y manteca de cerdo. No hay color, quedabas saciado en seguida con una unidad.

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Ilustración: Caroline Hibbs

Cocinas más
Los alimentos ecológicos, frescos o empaquetados, rara vez son de consumo inmediato. (Por cierto, las versiones ecológicas de los snacks resultan insípidas comparadas con la lujuria crujiente de los aperitivos de la comida industrial). Necesitas meterte en la cocina y cocinar. El que mucha gente crea que no tiene tiempo para cocinar es una de las grandes falacias de la vida moderna. Pues claro que tenemos tiempo, como tenemos tiempo para ver la televisión y muchas otras cosas. Al cocinar, controlas tu alimentación, determinas el tamaño de las porciones que vas a comer y ahorras dinero en comparación con el consumo de platos preparados. Eso sin contar con lo que se disfruta siendo un cocinillas.

Otra ventaja añadida es que controlas tu peso. Ponte a prueba, si te atreves a cocinar toda o casi toda la comida que piensas comer ten por seguro que vas a conservar tu peso o hasta perderás el exceso de kilos si los tienes. La explicación es simple, vas a usar un mejor aceite, sabrás exactamente la grasa que añades a tu dieta, usarás tal vez menos azúcar, y por supuesto que no añadirás conservantes y aditivos de los que te abren el apetito. Además, al prepararlo tu mismo apreciarás más lo que vas comer y reutilizarás los sobrantes en otros nuevos deliciosos platillos. Ten en cuenta que es muy fácil comer todo lo que puedes comprar, pero es difícil comer todo lo que tienes que cocinar.

Tiras menos
La comida ecológica, en general, deja poco rastro de residuos tras de sí. Tanto en los envases, que suelen ser someros, como en los restos que deja después de aprovechada. Al tratarse alimentos de mejor calidad, tendemos a respetarlos más. Es más difícil que dejemos que se pudran en el fondo del frigorífico. Teniendo en cuenta que tiramos como media entre un cuarto y un tercio de la comida que compramos, ahí tienes un sustancioso ahorro de dinero. Si sumas lo que te ahorras en cocinar y al comprar menos, se puede demostrar matemáticamente que la comida ecológica resulta aproximadamente igual de cara que la industrial –y es más sana.