Opinion · Ciudadano autosuficiente

Educación financiera, pero sostenible

 

La educación financiera a secas solo se refiere al dinero, no a sus consecuencias. Por ejemplo, divide los gastos en tres apartados: los que no se pueden reducir so pena de que te rompan las piernas (la hipoteca), los que sí se pueden reducir, y mucho (la calefacción, el colegio de los niños, la comida de calidad) y los que hay que eliminar, sí o sí (las cañas con los amigos, la diversión en general). También insiste mucho en el ahorro, ir construyendo un capital que nos permita pasar una vejez boyante, en la que, ahora sí, te podrás ir a tomar cañas con los amigos cuando quieras, y con ración de gambas además.

¿Cómo podría ser una educación financiera y además sostenible? Es decir, buena para tu bolsillo, para tu salud y para tu planeta. Tras mucho investigar, hemos llegado a detectar algunos de sus puntos claves:

• Elimina los gastos inútiles. Un gasto inútil es, por ejemplo, comprarte un coche cuando lo que de verdad necesitas para ir a trabajar es una bicicleta. O instalar un equipo completo de aire acondicionado en una casa cuando bastaría con bajar las persianas y usar un ventilador. O comprar comida precocinada, que cuesta muy cara, cuando en breve tiempo  en la cocina puedes producir tú mismo ricos platos mucho más baratos y sabrosos. En resumen, los kilómetros, kilovatios o kilos de comida que no sirven para nada pero que cuestan dinero y aumentan el tamaño de tu huella ecológica.

• Compra cosas, no compres dinero. A no ser que no tengas más remedio (como es el caso de las hipotecas) huye de las compras financiadas.

• No compres cosas, úsalas. Cada vez hay más posibilidades, desde una taladradora que compartes con tus amigos a un servicio de coche compartido a tanto el minuto. Sale a cuenta y reduces la producción de residuos y contaminantes.

• Vende lo que no necesitas. Gracias a las Apps especializadas, conectar al propietario de una mesa de roble fuera de uso con una persona que da la casualidad de que necesita una mesa de roble a buen precio es cuestión de minutos.

• Gasta tu dinero con fundamento. Elige productos duraderos, sólidos y eficientes. Incluso si son más caros, al final sale a cuenta. Elige el modelo más pequeño, no sobredimensiones. Por ejemplo, un utilitario te hará el mismo servicio que un SUV y cuesta cinco veces menos. Si vives solo, con un termo eléctrico de 25 litros tienes de sobra, no instales uno de 100. Un frigorífico de 200 litros es todo lo que necesitas, no un monstruo de dos puertas y 500 litros de capacidad.

• Averigua si se están conculcando tus derechos, por ejemplo en cláusulas abusivas en los contratos que hayas firmado con bancos o entidades financieras. Una serie de sentencias de la justicia superior europea están demostrando que estamos pagando cosas que no deberíamos, todos los gastos de constitución de la hipoteca, por ejemplo. O las cláusulas suelo. No es fácil, pero con paciencia puedes enterarte de cuánto has pagado de más y reclamarlo.

• Si tienes ahorros y quieres que produzcan dinero, práctica la inversión ética y si es posible ambientalmente sostenible. Hay muchas posibilidades, como se muestra aquí.

• Y un último punto extra: no te olvides de reservar algo de dinero para el ocio. Contra lo que dice la educación financiera clásica, la diversión no está ni mucho menos en último lugar de la lista de necesidades humanas.

 

 

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