Opinion · Ciudadano autosuficiente

Las jóvenes estrellas del movimiento Zero Waste

Photo by Kokil Sharma from Pexels

 

El movimiento Zero Waste (Residuo Cero) está adquiriendo cada día más fama a nivel mundial. El objetivo principal es reducir los residuos producidos en el hogar, para poder así disminuir la cantidad de plásticos y basura que acaba en nuestros océanos y mares. La precursora de este movimiento es Bea Johnson, que empezó con su familia a llevar un estilo de vida Zero Waste en 2008.

Probablemente hoy en día la representante más famosa del movimiento es la neoyorquina Lauren Singer. Decidió cambiar su estilo de vida por uno más sostenible en 2012, cuando, participando en una de las clases de su grado en Estudios Ambientales, se dio cuenta de que había una compañera de curso que cada día llevaba su comida en un tarro de plástico y usaba cubiertos desechables. Empezó a pensar en esta contradicción y, volviendo a su casa, abrió el frigorífico y se dio cuenta de que ella también guardaba su comida en muchísimos contenedores desechables de plástico. Allí se generó el momento Aha! (así lo llama ella) en el cual decidió cambiar su estilo de vida. Desde entonces, se dedica a su blog “Trash is for Tossers”  y trabaja en la realización y venta de una línea de productos sin embalaje, llamada The Simply Co.

Kathryn Kellogg, otra estadounidense que lleva ya varios años viviendo una vida Zero Waste, se está volviendo igual de famosa. Su viaje hacia este estilo de vida empezó después de haber sido operada por un tumor. Desde entonces, comenzó a dudar de su manera de vivir y de los productos industriales (comida, maquillaje…) que introducía en su cuerpo cada día. Se convenció de que llevar una vida Zero Waste habría beneficiado a su salud y, al mismo tiempo, al bienestar del medio ambiente. Todos sus resultados y consejos se encuentran en la página web “Going Zero Waste”.

Estas chicas increíbles, así como todas las personas que se han ya convertido al Zero Waste, están intentando dar un cambio radical a su propio estilo de vida, abandonando el nada sostenible estilo de vida contemporáneo.

Nadie ha dicho que sea la cosa más fácil del mundo, pero tampoco parece, según las experiencias de la mayoría de las personas, tan complicado. Todo está en entender y convencerse de que hay que hacer un cambio. YA. Tampoco hay que trastocar radicalmente el estilo de vida. De hecho, volverse Zero Waste no es un cambio que ocurre de hoy a mañana. Se pueden tardar meses o, a veces, años. Pero, solo modificando uno de tus comportamientos, puedes reducir mucho tu impacto en el medio ambiente. Lauren por ejemplo afirma que, si cada vez que pides un cocktail haces un gesto tan pequeño como pedir que no te pongan pajita, ya estás reduciendo radicalmente la cantidad de plástico desechable que acaba en la basura. La pajita que utilizas durante 15 minutos para beber tu cocktail (que tampoco es necesaria), tarda una media de 500 años en descomponerse.

En los blogs de  las “Zero Waste Stars” hay consejos para todo: desde el maquillaje hecho en casa, a consejos para una compra sostenible en negocios a granel, o recomendaciones para hacer compost con los residuos de alimentos. Dicho así parece una idea de hippies locos. Pero no lo es. Cada uno hace lo que quiere y puede. Habrá personas que como “gesto Zero Waste” rechazarán las pajitas de las bebidas, quien sustituya sus tápers de plástico por botes de vidrio, y hasta quien se construya su propia instalación de compostaje. Lo importante es que cada uno hagamos algo, sea un gesto pequeño o grande.

¿Cuáles son las desventajas del estilo de Vida Zero Waste?

Para mí, casi ninguna. Al principio puede que tengas que perder un poco de tiempo en buscar sitios alternativos adónde ir a hacer la compra. Pero, entre el aumento del número de tiendas a granel (a veces hay una sección en los supermercados) y la presencia creciente en el territorio de las farm markets o mercados de km 0, tu búsqueda puede ser mucho más fácil de lo previsto. Y, si tuvieras que andar un poco más para llegar a un mercado en vez de a un supermercado, piensa que no solo estás ayudando al medio ambiente, sino también estás apoyando a las empresas locales y estás mejorando, comprando comida más fresca y menos tratada, hasta tu propia salud.

No tengas miedo de decir “No, gracias”

Una de las cosas que al principio puede que te cueste más acostumbrarte es aprender a decir “No, gracias”. ¿Cuántas veces, para no decepcionar a los otros, aceptamos un folleto de una publicidad que tiramos al siguiente cubo de basura? ¿O cogemos un caramelo envuelto en plástico que nos ofrecen, aunque no lo queramos, y al final acaba olvidado en el bolso para siempre?

No tengas miedo de decir “No gracias” si te están ofreciendo algo que no necesitas o no quieres. De esta forma, tus residuos acabarán reduciéndose mucho más de lo que tu pueda imaginar. Además, tu bolso ya no se volverá pegajoso por todos los caramelos que has aceptado y nunca te has comido. De hecho, muchos de los residuos que producimos son el resultado de unos hábitos comportamentales que en realidad no nos aportan nada de útil. Por esta razón, empieza a evaluar cuáles son las cosas que necesitas de verdad y cuáles no, y no tengas miedo de decirlo, estés en tu casa, en un restaurante o en un hotel. Cualquier petición hecha con amabilidad y con una sonrisa en la cara, difícilmente no será atendida.

Benedetta Eleodori 

 

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