Opinion · Ciudadano autosuficiente

La pereza salvará al Planeta

 

Imagen: un.org

La elevada consideración del trabajo y el trajín es algo relativamente reciente. De toda la vida, la máxima aspiración de la humanidad ha sido el dolce far niente, la dulce inactividad. Que está muy relacionado con el concepto de carpe diem, vive el momento (dum loquimur fugerit inuida aetas: carpe diem, quam minimun credula postero. Es decir, mientras rajamos, se pira el tiempo: pilla el hoy, pasa del mañana). Tras este alarde de erudición, vamos al asunto, la pereza sostenible.

La ONU acaba de publicar la “Guía de los vagos para salvar al mundo” dentro de la difusión de los Objetivos de Desarrollo Sostenible 2030. La primera parte se dedica a cosas sostenibles que podemos hacer cómodamente sentados en el sofá. Christina Tatum nos detalla aquí algunas cosas buenas para el planeta que pueden hacer las personas realmente perezosas. Todo esto va a contracorriente de las ideas dominantes, que ponen el trabajo y la multiactividad en un altar. ¡Se considera lógico y razonable hasta planificar con detalle las vacaciones!

Esta línea de alabanza de la vagancia se suele relacionar con el famoso libro de Paul Lafargue, El derecho a la pereza, que preconizaba muy cortas jornadas laborales y mucho tiempo para el cultivo de las artes, sin olvidar el simple no hacer nada. Claro que, con jornadas laborales de 12 horas diarias, los trabajadores de finales del siglo XIX podían simpatizar con la idea pero no llevarla a cabo. Los trabajadores de comienzos del siglo XXI tampoco han conseguido jornadas laborales hiperreducidas como las que preconizaba Lafargue, aunque hay algunos indicios esperanzadores.

Ahora podemos enfocar la pereza desde el punto de vista de los ODS 2030, del camino de la humanidad hacia la sostenibilidad. Normalmente, se considera que una vida sostenible es una vida sacrificada, viajando en bicicleta hasta el huerto, cultivando el huerto, cocinando las verduras en casa, llevando en bicicleta los restos de verduras al huerto para hacer compost, etc. En teoría, es más fácil y llevadero ir en coche al supermercado, cargar el carrito y volver a casa a ver la televisión.

No es así, la verdad es que la vida antisostenible puede ser muy estresante y trabajosa. Hay que estar todo el día comprando, conduciendo, buscando aparcamiento, comparando ofertas, informándose de las novedades, conectado, en red, y por supuesto trabajando para pagar todo eso.

En cambio, hay una manera de llevar una vida muy sostenible y también muy relajada. La fórmula la descubrió Diógenes hace casi 2.500 años, y consiste en que cuanto menos necesitas, menos preocupaciones tienes y de más tiempo libre dispones. Por encima de un nivel básico y razonable de alojamiento, alimento, limpieza, vestido y transporte, todo lo demás es azacanarse para nada.

La lista de cosas prescindibles que nos permitirán llevar una vida perezosa es muy larga, aquí van unos pocos ejemplos: los alimentos precocinados (es mucho más sencillo disponer y comer los alimentos frescos), los insecticidas (es menos trabajoso convivir con los pequeños animales que comparten la casa con nosotros que perseguirlos activamente), los jabones bactericidas (igual que en el caso anterior), los productos de limpieza variados (puedes apañarte con una pastilla de jabón corriente para todo), seguir la moda (la ropa de segunda mano te ahorra ese sinvivir), infinidad de electrodomésticos inútiles (desde la yogurtera al aspirador), las botellas de agua de plástico (usando una recargable de cristal ahorras muchos viajes a la tienda), el secador de pelo (el aire y el sol lo hacen mejor sin que muevas un dedo), los envases desechables en general (ahorrarás muchos viajes al contenedor), etc.

Una persona perezosa o francamente vaga puede tener una huella ecológica muy inferior a una persona que cree erróneamente que necesita infinidad de cosas (véase la lista anterior) para facilitarle la vida. El perezoso puede dedicar mucho más tiempo a hacer cosas interesantes que la persona que dedica su tiempo a buscar, comprar, manejar y en su caso desechar un montón de cosas inútiles y perniciosas para el planeta, desde la secadora de ropa a los platos precocinados.

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