Opinion · Ciudadano autosuficiente

No es sólo para los pijos del centro: tú también deberías apoyar el cierre del tráfico

En la gran ciudad de Madrid, el Ayuntamiento ha vuelto a retrasar el “cierre del centro” una semana más, para que no coincida con el Black Friday. Es decir, ante la perspectiva de masas enfurecidas de compradores asaltando el centro de la urbe, el Ayuntamiento ha decidido retrasar la inauguración de Madrid Central, la zona de “solo coches de residentes” que coincide con el distrito centro de la ciudad.

Todo el mundo ha dado un gran suspiro de alivio, y en general se tiene la esperanza de que Madrid Central nunca se ponga en marcha. Están en contra la oposición municipal, la Comunidad de Madrid, los comerciantes y empresarios de toda la ciudad y los vecinos de Madrid con coche que no viven en el centro. A favor están los turistas, que se mueven entre el Museo del Prado y el Palacio Real caminando o en segway, los niños y ancianos que ven reducirse el riesgo de ser atropellados y los inevitables pijos del centro.

¿La ciudad contra la región?

El argumento del Ayuntamiento es que la normativa europea de limpieza del aire no deja otra opción. Si circulan menos coches por el centro, el aire tendrá menos densidad de óxidos de nitrógeno y otros contaminantes. El siguiente paso será extender la medida a la almendra central y luego a todo el municipio. Así que Madrid Central tiene su importancia, como pequeño avance de todo lo que vendrá después: nada menos que una ciudad entera libre de coches.

Por esta razón, la lucha política e informativa está siendo importante. No es para menos, porque es una versión de la eterna lucha entre el campo y la ciudad. Los que viven en el campo (es decir, en zonas periféricas con mucho espacio) no entienden que no les dejen usar el coche cuando les apetece darse una vuelta por la ciudad. “El que quiera vivir en un entorno sano y peatonal, que se vaya a un pueblo”. Tampoco entienden que deban seguir pagando el impuesto de circulación si no les dejan usar el coche. Están hartos de tener que hacer muchos kilómetros diarios para ir a trabajar y que encima les pongan trabas para usar el coche.

¿Los ricos contra los pobres?

“Lo que tienen que hacer es dejarnos circular por Madrid como siempre, y no que los ricos que tienen dinero para un coche eléctrico sean los únicos que puedan circular”. Este es un comentario muy habitual que refleja la situación de muchas personas, que no tienen más remedio que usar el coche pero que no tiene dinero para comprarse un eléctrico o ni siquiera un modelo Euro 6.

De ahí viene resentimiento contra los pijos del centro, que al parecer son los únicos que ansían el “cierre” al tráfico de esa parte de la ciudad. Esta gente, que asciende a varios centenares de miles de personas en toda la ciudad (no solo en su distrito central) han conseguido una pauta razonable de movilidad sin usar el coche. Caminan, van en bici, en metro, autobús, patinete o coche compartido. Unos no tienen coche, han visto que viven muy bien sin él, y aquellos que lo tienen no lo suelen utilizarlo para moverse por el centro de la ciudad. Desde su punto de vista, los coches solo proporcionan a la ciudad ruido, contaminación, atascos y accidentes.

“Tengo varios coches detrás, pero es curioso, nadie me pita”

¿Cómo protegemos a la vez los derechos de vivir sin respirar humo y de circular libremente? Los coches eléctricos solucionarán parte del problema, pero un atasco eléctrico es igual que un atasco de motor de combustión. Los coches compartidos son una solución mucho más interesante, pues solo necesitaríamos una fracción de los coches actualmente en circulación para que toda la población pudiera moverse con comodidad.

Pero la solución principal es cultural, como casi todo en esta vida, y el vuelco que se ha dado en el uso social del tabaco muestra la pauta a seguir. Consiste en respetar los pulmones y oídos ajenos, en ser conscientes de que no se pueden usar vehículos estruendosos y contaminantes en masa en calles donde la gente solo quiere vivir en paz. Es la misma idea por la cual  ya no fumamos en los locales públicos. Un paso importante se ha dado ya, con la norma general que limita la velocidad a un máximo de 30 km/h. Un reciente reportaje acerca de cómo se circula a 30 por hora concluye que casi nadie pita ni insulta a los conductores que respetan el límite de velocidad, ¡vamos progresando!

Jesús Alonso Millán

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