Opinion · Ciudadano autosuficiente

¿Estresado? Prueba a caminar y cocinar

Photo by Alvin Mahmudov on Unsplash

El planeta no da más de sí, y sus ocupantes tampoco. Nuestra economía funciona como una manada de búfalos desbocados, necesita galopar cada vez más rápido, es decir crecer, so pena de hacernos caer en una recesión que nos dejará con los bolsillos vacíos. Mientras tanto, millones de toneladas de gases contaminantes, plásticos desechados, pesticidas usados y otras sustancias no deseables se vierten al medio ambiente anualmente. Estas sustancias terminarán por encontrar su camino hasta los cuerpos mortales, también de los humanos, en los que provocarán diversas enfermedades, ninguna agradable.

Nuestra contribución al desaguisado general es consistente: compramos las frutas y verduras rodeadas de plástico, vamos a trabajar conduciendo vehículos pesados que sueltan sustancias tóxicas por el tubo de escape, comemos comida basura repleta de azúcar y grasas sintéticas, vestimos ropa de usar y tirar a base de poliéster mezclado con algodón, etc.

Ahora vienen las buenas noticias. En todo el mundo hay mucha gente trabajando para solucionar estos graves problemas de envilecimiento general de nuestro paisaje, nuestra comida y hasta del aire que respiramos. Y hay infinidad de soluciones que se pueden poner en marcha, desde trolebuses eléctricos a mercados de alimentos de proximidad insertados en supermercados. Pero también es verdad que los vehículos eléctricos y la comida ecológica resulta cara, alejada de nuestras posibilidades económicas.

Pero hay una manera de aplicar y disfrutar de las soluciones salva-planetas sin gastar dinero extra, en realidad ahorrando bastante dinero. Consiste a grandes rasgos en llevar una vida de baja huella ecológica, un conjunto de técnicas (#VidaDeBajaHuella) que nos permiten disfrutar de la vida molestando lo menos posible a nuestro baqueteado planeta.
Dos de estas técnicas son muy fáciles de poner en práctica y proporcionan fabulosos resultados: caminar y cocinar.

Caminar significa simplemente pararse a pensar un poco antes de movernos. Es una secuencia de preguntas: ¿tengo que ir necesariamente?, ¿puedo ir de otra manera?, ¿podría cambiar de vehículo?, ¿combinar trayectos?, ¿usar una bicicleta en lugar de un coche?, ¿caminar una parte o incluso todo el trayecto? El resultado final suele ser que tu pauta de movilidad cambiará a mejor, a otra menos contaminante, más barata, más placentera y más saludable.

Cocinar es algo parecido. Llegada la hora de alimentarnos (a no ser que nos hayan invitado a comer en un buen restaurante) podemos empezar a hacernos preguntas, la principal de las cuales sería la siguiente: ¿puedo comprar alimentos frescos y cocinarlos en lugar de comprar comida procesada, lista para comer? Poco a poco verás como tu salud mejora, tu bolsillo mejora y el planeta te lo agradece de verdad.

Antes de que los cuñados digan nada, hay que admitir la verdad: caminar y cocinar tiene un pequeño coste, pero real: el tiempo. Cocinar lleva tiempo, caminar es más lento en general que ir en coche. Teniendo en cuenta el frenético ritmo de la vida moderna, ¿de dónde vamos a sacar este tiempo extra? Pues la verdad es que es más fácil de lo que parece. Básicamente, necesitamos dos medias horas extras diarias para caminar y cocinar, nada más. No es un margen exagerado, cualquiera puede hacerlo y disfrutar de sus beneficios.

Jesús Alonso Millán

 

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