Opinion · Ciudadano autosuficiente

¿Cuál es tu cultura de uso del coche?

Photo by takahiro taguchi on Unsplash

Para empezar, puedes dedicar un minuto a realizar esta encuesta interactiva que te mostrará cuál es tu cultura de uso del automóvil.

El WhatsApp causa ya más muertes que el alcohol en la carretera. Los conductores no se creen que no te puedas distraer ni una décima de segundo al volante aunque recibas una llamada urgente. El resultado son accidentes y miles de muertos en la carretera. Si el WhatsApp mata, los radares y los semáforos exprimen a los conductores a base de multas por exceso de velocidad. La cultura dominante establece que no se puede ir a poca velocidad, reduciendo así el riesgo de accidente. “Poca velocidad” no quiere decir ir a paso de tortuga, sino simplemente cumplir los límites establecidos.

Cualquier conductor puede contar lo que pasa cuando se pone a respetar estrictamente estos límites y no hay ningún policía cerca: lo normal es que los otros conductores le adelanten entre insultos. La cultura dominante es que hay que correr como el viento. Las restricciones a la velocidad son duramente contestadas por asociaciones de conductores, que denuncian al gobierno, y le acusan de afán recaudatorio por instalar radares que “atrapan” a los conductores que superan el límite de velocidad. Son dos ejemplos de la extraña cultura dominante que determina nuestras relaciones con el coche.

El estado se gasta un dineral en radares y policía de tráfico, y aún se gasta poco, porque los miles de agentes y cientos de instalaciones son una frágil red de contención que impide que la extraña cultura del coche en España se desmande completamente.

Esta extraña cultura, que aún hoy escuchamos y observamos en muchas ocasiones, tiene varios puntos principales:

• La posesión de un coche da derecho a meterse con él en cualquier parte. Toda restricción del tráfico es liberticida y antisistema, las zonas con limitaciones a la entrada de coches son vistas como recintos de pijos, etc. También existe el derecho a aparcar donde le resulta más cómodo al conductor.

• Las normas de tráfico solo existen para que el gobierno recaude dinero (la prensa publica todos los días listas de “los radares que más recaudan”, como si los conductores no tuvieran nada que ver en el asunto). Su fin no es proteger la seguridad y la vida de las personas, conductores o no. Se cumplen por puro miedo a la multa o a la retirada de puntos del carnet.

• El coche nunca es lo bastante grande, ni pesado, ni agresivo. Siempre se debe aspirar a un modelo mayor, más aparatoso y que transmita mejor el espíritu aventurero de su dueño.

• Conducir es un placer, y una habilidad tan desarrollada que se puede hacer sin prestar mucha atención: por ejemplo hablando por el móvil, borracho o simplemente ido. Eso de las distracciones al volante es algo que les pasa a los demás.

• El coche es un bien de primerísima necesidad. Hay más porcentaje de población que declara que no puede permitirse mantener la casa a una temperatura adecuada que la que no puede permitirse tener un coche.

• El coche es barato. Todos los conductores piensan que les sale por la mitad o una tercera parte de su precio real.

• El coche (al menos mi coche) no contamina. Si lo hace, no es responsabilidad del conductor. El criterio de cantidad y peligrosidad de emisiones que lanza el vehículo a la atmósfera no cuenta nada a la hora de decidirse por un modelo de coche o por otro.

Jesús Alonso Millán

 

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