Opinion · Ciudadano autosuficiente

Buenas noticias: no necesitamos la mitad de los consumibles domésticos

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Encuadrados en la categoría de Droguería y Limpieza hay una gran variedad de productos, y las posibilidades de ejercer el ecoconsumo con ellos es enorme. Efectivamente, esta categoría nos ofrece muchas posibilidades de ahorrar dinero, mejorar nuestra salud y reducir la contaminación. Es decir, de practicar la sostenibilidad.

Con ayuda de unos cuantos supermercados online, hemos entrado en la sección de droguería y limpieza y hemos salidos con algunas ideas, que vamos a trasladar aquí. En principio, podemos distinguir tres grupos de productos:

Grupo I: No los compres jamás, no los necesitas para nada

Se trata de productos de utilidad discutible, por no decir nula. No solamente eso, sino que además, con frecuencia, incluyen componentes que parecen sacados de un catálogo de guerra química. Y no son precisamente baratos.

Los consumibles de lavavajillas son un buen ejemplo. Si ya resulta caro el detergente especial que utiliza la máquina, no hay necesidad de añadirle productos como el popular abrillantador para lavavajillas (la limpieza es el mejor brillo). Un litro de abrillantador puede costar 10 euros y contiene methylchloroisothiazolinone (escrito incorrectamente en inglés en el envase del producto de venta en España), un conservante con actividad mortífera para cualquier bacteria o microorganismo y que, lógicamente, causa irritación de la piel (el envase lleva el símbolo de producto tóxico). Si no lo compras, te ahorras el coste del abrillantador y una dermatitis de contacto.

También hay ambientadores de lavavajillas, un producto más estrambótico todavía que el abrillantador. Por ejemplo, se vende uno que al parecer comunica aroma a limón al aparato, luego también a la vajilla que limpia. Eso quiere decir que los platos, vasos y cazuelas salen con aroma a limón. Juzguen ustedes mismos. El producto, que no es barato, también ostenta el símbolo de alerta de compuesto tóxico.

El mundo de los ambientadores es muy amplio. Tenemos el ambientador eléctrico (difusor de aromas), el ambientador eliminador de olores en spray, el ambientador para coche y el ambientador para WC, entre otros. El eléctrico tiene la ventaja añadida de que además hace subir el recibo de la luz. Aunque parezca mentira, la mayoría de los ambientadores advierten que provocan irritación ocular grave e irritación cutánea, y que no deben utilizarse en habitaciones infantiles. Y ostentan uno o varios símbolos de peligrosidad química.

Otros productos inútiles son los limpiadores especiales: de vitrocerámica, de muebles de madera, de sofás de imitación de cuero, de suelos, etc. En general, no suponen ninguna diferencia con una limpieza energética convencional, y muchos llevan componentes tóxicos (especialmente los limpiadores de vitrocerámicas).

El suavizante de ropa es un clásico de los consumibles inútiles, pero es de los más usados y discutidos. Muchas personas piensan que no podrían vivir sin él, es cuestión de gustos y de que les sobre el dinero. Lo más curioso es que los suavizantes contienen sustancias irritantes, como la benzisotiazolinona, que pueden causar daños a la piel.

Las toallitas (papel higiénico húmedo) son un derivado del honrado papel higiénico que demuestra a las claras la decadencia de nuestra civilización. Lo peor es que muchas variedades comerciales contienen toda clase de compuestos potencialmente tóxicos, como el fenoxietanol, un bactericida.

Los insecticidas son venenos para su objetivo, los insectos, y también para los humanos. A no ser que la plaga sea imposible de controlar (y en este caso lo mejor es llamar a una empresa de desinsectación) no deberían usarse nunca en casa. Contienen toda clase de compuestos tóxicos y sus correspondiente símbolos de alerta. Una clase especial es el colgador antipolillas, que sigue la tradición de las bolas de naftalina. ¿Cuánto hace que no ves una polilla en un armario?

Otros productos inútiles son las bolsas de basura perfumadas, los limpiadores desinfectantes (a no ser que estés limpiando un quirófano), los blanqueadores de juntas de baldosas o la mopa atrapapolvo con recambios.

Grupo II: Útiles, pero sustituibles

Esta categoría incluye las bolsas de congelación, el film transparente para envolver alimentos o las bolsas para sandwiches. Todo eso se puede reemplazar por tápers, mejor todavía si son de vidrio, las propias bolsas para el pan reutilizadas, o las bolsas de plástico donde venden la fruta. El papel de aluminio, en su papel de envoltorio efímero (de bocadillos por ejemplo) también se puede reemplazar por bolsas de papel.

Las bolsas de basura pueden ser sustituidas por las bolsas de plástico que todavía nos venden en los supermercados, o mejor todavía por las de papel. Si hacemos una separación de residuos correcta, veremos que la basura orgánica pura es la única que necesita bolsa de plástico, y eso se puede cambiar por un par de bolsas de papel metidas una en otra.

El detergente de lavadora es importante, pero tiene un fácil reemplazo, que además permite ahorrar mucho dinero. Se trata de rallar un poco de jabón corriente, tipo Lagarto en un cazo con agua y llevar a ebullición. Se añade agua fría, y listo. Se puede acompañar por un poco de vinagre. El truco está en que el 99,9% de las prendas de ropa no están tan sucias como para necesitar un detergente industrial agresivo, como son los lavarropas comerciales.

Grupo III: Extremadamente útiles, pero podemos reducir su consumo

El papel de cocina es fundamental para la vida moderna, pero es verdad que terminamos por usarlo sin conocimiento, cuando muchas veces un paño de cocina de toda la vida puede hacer bien su función. El papel higiénico es un elemento básico de nuestra civilización, pero también podemos usarlo con más parsimonia, por ejemplo a razón de un rollo por persona y mes, un buen objetivo. Los bosques y las aguas (no así la industria de la celulosa) agradecerán nuestra colaboración.

 

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