Ciudadano autosuficiente

Diez ideas para vivir mejor en 2020

Photo by Austin Chan on Unsplash

¿Hacia dónde vamos en esto de los estilos de vida sostenible? La respuesta corta es que vamos cada vez más rápido, con más y mejores alternativas a nuestro alcance. No hay más que fijarse en la creciente oferta de envases reciclados, coches eléctricos, comida vegana, etc. Pero eso puede no ser más que un barniz superficial. ¿Cuáles son las tendencias menos visibles que determinan cada vez más nuestras relaciones cotidianas con el planeta? Ahí van algunas recogidas de aquí y allá.

 

Suficiencia privada, lujo público

Concepto acuñado por George Monbiot. El lujo personal (casas más grandes, coches más potentes, piscinas privadas, etc.) implica menos espacio y recursos para el resto del mundo. Si todos los hogares de Londres tuvieran piscina, la ciudad no cabría en la extensión de Australia. En su lugar, Monbiot propone una vida suficiente y contenida en lo privado, pero capaz de disfrutar de los lujos públicos que tenemos a nuestro alcance –desde piscinas olímpicas climatizadas a estupendos parques, museos y espectáculos.

Easy Sustainability

La vida sostenible ya no es propia únicamente de personas amargadas y cenizas que no saben más que hablar del apocalipsis planetario, las bondades del veganismo y la necesidad de abandonar el consumismo. La vida sostenible es sencilla y relajada. Por ejemplo, no tendrás que preocuparte de buscar aparcamiento ni de pasar la ITV si no tienes coche. Con un móvil en la mano, tienes miles de coches a tu disposición con un simple clic. ¡Hazlo easy!

Acciones profundas

Las acciones profundas son cambios de estilos de vida que tienen consecuencias importantes en el sistema de producción y consumo, ya que envían señales inequívocas del estilo de "queremos energías renovables" o "necesitamos menos carne, pero de calidad". Por ejemplo, contratar electricidad verde o practicar el flexitarianismo.

Acciones colectindividuales

Kate Aronoff, autora del libro A Planet to Win: Why We Need A Green New Deal, respondió con sorna a la clásica lista de buenas acciones climáticas publicada por un gran medio de difusión (usar menos el coche, comer menos carne, etc.) con su propia lista: tomar el poder, nacionalizar la industria basada en combustibles fósiles y emprender acciones masivas de descarbonización. Pues ni tanto ni tan poco. Podemos llevar a cabo acciones individuales capaces de un no despreciable impacto colectivo. Julia Steinberger lo explica en este estupendo e inspirador artículo.

Un manual audaz: acciones contra el colapso climático

Escapar de la trampa de la licuadora

Millones de personas compraron una licuadora y solo la han usado una vez, por ser un aparato tan engorroso de limpiar que los zumos no salen a cuenta. Lo mismo ocurre con infinidad de aparatos y productos de consumo, como el lavavajillas, la aspiradora eléctrica, el robot de limpieza, etc. No salen a cuenta porque dan más trabajo del que quitan. Caso muy distinto es el de aparatos que nos liberan de un duro trabajo, como la lavadora. Escapar de la trampa de la licuadora implica examinar el coste y beneficio que sacamos de los trastos que nos rodean. Seguro que nos llevamos una sorpresa.

Siempre hay alternativa

¿Qué ocurre cuando nos aficionamos a algo que estropea nuestro planeta? Por ejemplo, a comprar ropa en cantidad. Pues aquí hay que esgrimir el concepto TAAA (There’s Always An Alternative), opuesto al famoso TINA (There Is Not Alternative). En este caso, puedes ejercer tu afición comprando ropa de segunda mano. Te divertirás mucho más que siguiendo con la lengua fuera las novedades que las grandes marcas te ofrecen semana a semana.

Urbanidad o barbarie (practicar la cortesía planetaria)

Aquí hay que hablar de la Gran Bestia Maléfica de la vida sostenible: el propietario y usuario de un gran SUV que lo usa para pasear por la ciudad. Además de otras cosas, es una descortesía de primera magnitud, que no tiene en cuenta que compartimos el espacio con muchas otras personas que también tienen derecho a respirar y moverse. Caso opuesto es la urbanidad que se ejerce instintivamente cuando nos colocamos a la derecha en las escaleras mecánicas del metro, por ejemplo.

Determina tu alcance

Las empresas que se lanzan a reducir su impacto ambiental deben previamente establecer el alcance de las acciones que van a adoptar. Por ejemplo, pueden cambiar su abastecimiento de energía a electricidad renovable, pero no pueden (por el momento) hacer que sus proveedores usen furgonetas eléctricas para llevarles la mercancía. Las personas y hogares que se tiran a la piscina de un estilo de vida sostenible pueden hacer lo mismo: determinar hasta dónde pueden llegar y dónde no (por el momento). Por ejemplo, pueden dejar de usar el coche ya mismo, y dejar para más adelante lo del transporte de sus hijos al colegio. Establecer estos límites ayuda a llevar a cabo las acciones y a tener una idea clara de lo que se va consiguiendo.

Eco-optimismo

El estilo de vida sostenible está ligado al eco-pesimismo, la idea general de que avanzamos a toda velocidad hacia un apocalipsis ecológico y social. Sin dejar de estar atentos a eso por el rabillo del ojo, podemos fijarnos en los datos positivos disponibles. Por ejemplo, en España ya no se usa prácticamente carbón para producir electricidad. Es un gran paso.

Tener una lupa cerca

Ha costado décadas, pero tenemos a nuestro alcance gran cantidad de información sobre las consecuencias ambientales y sociales de nuestro estilo de vida. Desde el contenido en aceite de palma de una galleta a la emisión de óxidos de nitrógeno de un coche. Sin exagerar, es buena idea dedicar algo de tiempo a leer esta información y tomar decisiones inteligentes en consecuencia.

¿Estás interesado en participar en la transición hacia una alimentación más sostenible? Visita Comida Crítica.

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