Ciudadano autosuficiente

¿Eres un ciudadano sostenible, o un azote de la naturaleza?

Estamos en emergencia climática, y por lo tanto en plena transición a una sociedad y una economía más sostenibles que las que tenemos ahora. Gobiernos y empresas deben hacer su parte, pero nada funcionará si la ciudadanía no asume también su papel en esta gran transición a un mundo viable.

La cultura ciudadana de sostenibilidad es por lo tanto muy importante. Según la definición más aceptada, cultura es todo lo que recordamos cuando olvidamos lo que aprendimos en la escuela. Lo que hacemos en el día a día. Es decir, ¿cómo nos desplazamos, qué comemos, cómo nos calentamos, a dónde viajamos? ¿Cómo vivimos en general? De la respuesta a esta pregunta dependen muchas de las posibilidades de avanzar hacia un planeta de mejor calidad.

Cada persona es un mundo, como lo es cada hogar. Somo 47 millones y hay casi 20 millones de hogares en España, imposibles de reducir a una tipología simple. Hemos utilizado las respuestas a la encuesta "Calcula el tamaño de tu huella ecológica… y aprende cómo hacerla más pequeña" para trazar unas tipologías básicas de cultura de sostenibilidad. Según como te ubiques en cada uno de los seis aspectos considerados, así será tu perfil de sostenibilidad.

Las seis direcciones de variación son estas:

• Consumo de recursos: acopiadores y frugales.
• Grado de transformación de los recursos: "artificialistas" y "naturófilos".
• Búsqueda de indicaciones: desinformados e informados.
• Manejo de recursos: derrochadores y moderados.
• Disponibilidad de tecnología: desequipados y equipados.
• Circuitos de producción y consumo: lineales y circulares.

 

Acopiadores / Frugales

Esta es la distinción fundamental, desde el punto de vista de la supervivencia de nuestro planeta.

Los acopiadores son personas que consumen grandes cantidades de recursos en su vida cotidiana. Su consumo de energía es muy elevado, derivado de sistemas de climatización completos (calefacción + aire acondicionado), que funcionan en casas grandes, que a veces ocupan edificios exentos. Otro elemento de consumo energético es el uso continuo del coche privado, típicamente un SUV grande, y para largos trayectos diarios. La pauta de alimentación es más bien carnívora, lo que aumenta su huella.

Los acopiadores que viven en casas unifamiliares exentas (chalets) en urbanizaciones de la periferia de las grandes ciudades tienen un gran tamaño de huella ambiental, derivado de las necesidades de climatización de casas muy grandes, distancias muy largas a recorrer con el coche como único medio de transporte concebible y, no en último lugar, jardines o incluso césped que multiplica sus consumos de agua.

Los frugales tiene una pauta muy limitada de consumo de recursos. Suelen habitar en casas más pequeñas, provistas de sistemas de climatización más reducidos, por lo general localizados y sin uso de aire acondicionado. Su menú de movilidad se basa en el transporte público, caminar y la bicicleta. Su pauta alimentaria es flexitariana, con un uso muy limitado o incluso inexistente de la carne. En general, coinciden con los habitantes de las áreas centrales urbanas.

En su pauta de consumo de recursos, los frugales pueden acercarse a las personas en riesgo de exclusión, que se manifiesta en un consumo muy limitado de energía, (que se puede transformar en pobreza energética), así como un consumo reducido de carne y una movilidad limitada y a base de transporte público.

 

"Artificialistas" / "Naturófilos"

Este eje de variación se refiere a la cercanía o lejanía de la naturaleza o al grado de transformación de los recursos admitida o deseada por diferentes tipos de personas.

Los artificialistas consideran deseable el consumo y uso de elementos muy procesados, mecanizados y en general alejados de sus modelos "naturales". Los naturófilos preferirán alimentos frescos y de temporada, sin envasar, y si están envasados en materiales nobles, como el vidrio, la tela o la madera.

El eje artificialistas / naturófilos se inserta de lleno en polémicas muy vivas que ocupan espacio en los medios de comunicación. Una especialmente interesante es la relacionada con la quimiofobia, que se manifiesta en la discusión sobre los aditivos en alimentos, considerados "perfectamente seguros" por unos y como inclusiones intolerables en la comida por otros. Otro tema candente es el rechazo de los materiales plásticos, especialmente desechables. Otro más, la campaña sobre si los alimentos procedentes de la agricultura ecológica son más o menos nutritivos, sanos o seguros que los convencionales.

El extremo naturófilo puede culminar en un rechazo completo de toda la tecnología moderna. También pueden darse cruces paradójicos, como veganos consumiendo ultraprocesados y carnívoros adictos a la carne ecológica.

 

Informados / Desinformados

Este eje enfrenta la actitud de los que buscan activamente y tienen en cuenta la información sobre la huella ambiental de los productos o su sostenibilidad, en la forma de marchamos o ecoetiquetas, oficiales o extraoficiales, y la de los que nunca toman en consideración esta clase de información a la hora de comprar o usar.

Cada vez más productos y servicios llevan información adherida de manera obligatoria que informa sobre su rendimiento ambiental, desde neumáticos a frigoríficos, de manera que la clase de los "desinformados", que era abrumadoramente mayoritaria hasta hace unos años (hay que recordar que las etiquetas energéticas de electrodomésticos se crearon en 1992) disminuye paulatinamente a medida que los prescriptores (vendedores) utilizan la información ambiental adherida a los productos como argumento de venta.

En el caso de los electrodomésticos, la traducción directa de una etiqueta A+++ en un ahorro considerable de la factura eléctrica, sobre todo en aparatos de consumo continuo y elevado, como el frigorífico, hace que el porcentaje de desinformados en su compra sea muy pequeño. Algo similar ha ocurrido recientemente, cuando las pegatinas ambientales que deben ostentar los coches se tradujeron en posibilidad o no de acceder a partes de la ciudad, en las áreas o días de restricciones establecidas por los ayuntamientos.

En el caso de los alimentos, las ecoetiquetas más o menos oficiales (o engañosas) son un importante elemento para determinar la compra. Las listas de aditivos (ver arriba) son objeto de una discusión en medios sobre su concepto de "seguros" o "peligrosos".

Los alimentos, por su carácter de compra masiva y cotidiana, son objeto de polémica sobre la información obligatoria que deben ostentar, su legibilidad y los trucos utilizados para despistar al consumidor (por ejemplo, disfrazando el contenido en azúcar bajo varios nombres técnicos). La propuesta de etiquetas semáforo para alimentos (como el NutriScore) no ha llegado todavía a buen puerto en España.

En el caso de artículos de limpieza, la presencia de ecoetiquetas se ve complementada por la presencia de iconos de alerta de peligrosidad. La aparición de apps que leen automáticamente la información contenida en el código de barras del producto y dan una calificación de calidad (generalmente nutricional, en el caso de los alimentos) está modificando la proporción de informados y desinformados.

La proliferación de información asociada a los productos y servicios (se calcula en unas 400 el número de etiquetas de contenido ambiental presentes en el mercado) podría provocar que algunos ciudadanos, interesados y concienciados en principio, pero desbordados por tantos datos, puedan optar por desinteresarse por completo de buscar y analizar las indicaciones ambientales y de sostenibilidad de su pauta de consumo.

 

Moderados / Derrochadores

En igualdad de condiciones en cuanto a disponibilidad, dimensiones, tecnología y procesos, los usuarios moderados pueden reducir su consumo de recursos y de huella de manera más que notable, manejando con habilidad las posibilidades de regulación que tienen a su disposición.

Esto se aplica a toda clase de elementos. En el coche, los conductores agresivos pueden consumir hasta un 25% más de combustible que los conductores pacíficos. Si se utilizan técnicas de conducción eficiente, el ahorro se puede consolidar e incluso aumentar. Los electrodomésticos dan muchas oportunidades a los usuarios moderados, que pueden usar la lavadora con agua fría o manejar el frigorífico para reducir su consumo al mínimo. Lo mismo ocurre con la climatización y el agua caliente, aunque en este caso determinados sistema obsoletos carecen de capacidad de regulación.

El componente cultural de la sostenibilidad es muy importante en este eje de variación. Los hábitos de ahorro y economía asociados a épocas de escasez se perdieron o atenuaron cuando el nivel de vida subió, como se puede ver con claridad en el caso de la comida, con un nivel de desperdicio actual nunca alcanzado antes. La electricidad retornó a su consideración de bien escaso y caro, que se debe consumir con parsimonia, en los años de la crisis.

Muchas apps y páginas web especializadas están surgiendo para ayudar a la ciudadanía a gestionar su consumo cotidiano de agua, energía, alimentos, con buenos resultados en muchos casos. También está surgiendo un mercado de medidores instantáneos de consumo de energía para los hogares.

 

Desequipados / Equipados

Cuando se produce una disrupción tecnológica, se puede producir un alineamiento de los ciudadanos a uno y otro lado del lindero. Esto se ve con claridad en la opción entre el coche de motor térmico y el vehículo eléctrico, pero también en otros asuntos. Por ejemplo, la instalación de paneles fotovoltaicos para autoconsumo, de calderas de condensación de alta eficiencia, vidrios especiales, termostatos inteligentes, etc.

Cuando hay una opción claramente más sostenible en materia de transporte, climatización, etc., puede recibir ayudas de la administración en forma de bonificaciones fiscales o ayudas directas. Muchas veces esto funciona a base de planes Renove, en que el artículo obsoleto recibe ayudas para su sustitución por un modelo eficiente. Esto es especialmente importante en el caso del vehículo eléctrico, pues actualmente este tipo de coches cuestan tres veces más que los convencionales de prestaciones equivalentes.

La penetración de una nueva tecnología más sostenible (como los paneles fotovoltaicos) depende de una maraña de legislación favorable (el "impuesto al sol" frenó la proliferación de paneles solares varios años), precios en descenso, posibilidades de amortización y facilidad de compra, uso o instalación. Este último factor es importante, pues los instaladores (por ejemplo de calderas de condensación, o de paneles fotovoltaicos) funcionan como prescriptores y pueden suponer el factor crítico en la difusión de una tecnología.

Como se ve con claridad en el caso de las restricciones a la circulación de coches sin etiqueta ambiental de la DGT, convertir a los desequipados en equipados es un elemento importante de la transición ecológica justa. Muchas personas pueden ver sus opciones de vida limitadas por carecer de una tecnología que no pueden permitirse comprar.

 

Lineales / Circulares

Los "circulares" aprovechan cualquier oportunidad para cerrar circuitos en su pauta de consumo, desde practicar la cocina de las sobras a disponer de buen número de contenedores de recogida selectiva en casa y usarlos cotidianamente. O bien están dispuestos a adquirir productos de segunda mano, como ropa, o a utilizar apps de compartición de productos, en la línea de "usar en vez de comprar" Los "lineales" no muestran tanta preocupación en este sentido.

En general, la cultura de la circularidad ha sido destruida en las últimas décadas. Es el caso de los envases rellenables y retornables, desaparecidos y sustituidos por opciones de usar y tirar. También ha sido muy socavada la cultura de la cocina secuencial, en que los restos de un plato son la materia prima del siguiente, la costumbre del remiendo y arreglo de ropa o de reparación de aparatos.

Al mismo tiempo, surgen opciones nuevas de circularidad. Por ejemplo, en materia de transporte, la proliferación de vehículos compartidos. Los circuitos de reciclaje de aguas grises o de recirculación de energía en aparatos de climatización son otra opción. Nuevas tecnologías como el Internet de las Cosas, que pueden asignar una signatura inequívoca a cada objeto imaginable, y por lo tanto facilitar su seguimiento y eventual reciclaje, también pueden ser de gran ayuda.

 

¿Estás interesado en participar en la transición hacia una alimentación más sostenible? Visita Comida Crítica.

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