Ciudadano autosuficiente

Cómo podemos ayudar a bajar el precio de la electricidad

La piscina o "pool" donde se lanzan todas las maneras de producir electricidad, para construir la oferta final. Ilustración: Elena Reggio.

 

Parece ser que lo del precio de la luz funciona así:

(Los personajes son la Oferta y la Demanda de electricidad. La demanda utiliza información de los días precedentes para estimar (con mucha precisión) cuánta energía se necesitará en cada momento del día).

–Demanda: Necesito mil megavatios para cubrir la demanda de electricidad entre las dos y las tres de la tarde.
–Oferta 1: Ahí van 900 a base de eólica y fotovoltaica, a cero euros el megavatio.
–Demanda: OK, me lo quedo todo (a ese precio no se puede rechazar), ¿ofertas para el resto?
–Oferta 2: Cubro el resto, los 100 megavatios que faltan, a base de quemar gas natural, pero te va a costar cien euros el megavatio.
–Demanda: OK, cerramos el trato. Todos los megavatios ofertados (los mil) recibirán 100 euros por cada megavatio aportado.

La oferta más cara determina el precio que se va a pagar a todas las ofertas. Es el famoso sistema marginalista, que se diseñó hace tiempo para (en teoría) producir un precio de la luz aceptable para todos: los consumidores, las empresas eléctricas y los objetivos de descarbonización de la Unión Europea. Ahora mismo el sistema marginalista (que funcionaba más discretamente cuando las ofertas competidoras eran todas más caras, mayoritariamente carbón, fuel y gas) chirría por todas partes.

Un pequeño porcentaje de la electricidad, producida a base de quemar un combustible fósil como es el gas, determina el precio a pagar por los ciudadanos de un país que ya produce la mitad de su energía eléctrica a base de renovables, limpias y mucho más baratas que el gas.

Supongamos que China necesita mucho gas natural para alimentar a su industria, y que hay tensiones entre Argelia (de donde procede el gas que se consume en España) y Marruecos. Los precios del gas suben, pero no moderadamente: se multiplican por dos o tres en una semana, y los precios de la luz hacen lo mismo.

Mientras se arregla el asunto, ¿qué podemos hacer? Es evidente que las técnicas más tradicionales y eficaces de ahorro energético, capaces de reducir el consumo en un buen porcentaje (simplemente regulando la temperatura del calentador eléctrico, por ejemplo) no sirven de mucho si el precio se dispara. Podemos reducir fácilmente el consumo un 10%, por ejemplo… para encontrarnos con que el precio del recibo de la luz para cada kilovatio-hora consumido aumenta un 100%. Parece una misión imposible, pero sí podemos hacer algunas cosas para contribuir a mejorar la situación, desde dos puntos de vista: el de la demanda y el de la oferta.

Aplanar y reducir la curva de demanda

En el principio está la curva de demanda, la que determina cuántos megavatios se le piden a la industria eléctrica para cada hora del día. La demanda es mínima a las cuatro de la madrugada y máxima a las nueve de la noche, el prime time, con otro pico de consumo hacia las dos de la tarde. ¿Qué pasaría si la demanda a esta hora no fuera de mil megavatios, sino solo de 900? Es decir, que el consumo se redujera en solo un 10%, algo fácil de conseguir en cualquier vivienda y que también se podría conseguir en los 18 millones de hogares que hay en España. Pues que no haría falta quemar gas y las ofertas de eólica y solar no serían a cero euros el megavatio, sino a un precio razonable que les permita cubrir gastos y tener un cierto beneficio.

Como sus costes son mucho menores (su "combustible" es gratuito), su oferta podría ser baja, mucho más que la del gas natural. Ese bajo coste se trasladaría automáticamente al recibo de la luz. Todo lo que hagamos para reducir y aplanar la demanda sin reducir nuestra calidad de vida (por ejemplo, secar la ropa al sol en vez de usar la secadora, o usar con menos entusiasmo el aire acondicionado), incluyendo, si es posible, trasladar algún consumo de la hora punta a la hora valle, contribuye a reducir el recibo de la luz.

Aumentar la oferta de electricidad renovable

Tal vez podamos instalar paneles fotovoltaicos en el tejado de nuestra casa o en la azotea de nuestro edificio (hay que recordar que no hace falta la unanimidad de la comunidad de propietarios para hacer la instalación). Los paneles solares son cada vez más baratos y eficientes en términos de kilovatios-hora producidos por cada metro cuadrado de panel. Al cabo de unos pocos años, con la instalación amortizada, buena parte de la electricidad que consumamos nos saldrá gratis. Hay varias fórmulas para sacar partido a la energía producida (volcarla a la red, consumirla directamente, incluso almacenarla en baterías).

Si no tenemos sitio, ni dinero para pagar una instalación fotovoltaica, también podemos contribuir al crecimiento de la electricidad renovable de varias formas: podemos contratar electricidad verde, 100% de origen renovable, a una compañía especializada, como Luz Solidaria, o a una general que ofrezca este producto, o afiliarnos a una cooperativa de energía que produzca electricidad a base de renovables, como Som Energia, o adquirir una participación en un huerto solar (esta fórmula fue más importante hace algunos años).

Nota: Para hacer menos liosa la explicación del precio del recibo de la luz, no se ha hablado del papel de tres de sus elementos: la energía nuclear (que es un 20% permanente de la producción de electricidad), la hidroeléctrica (que es renovable, pero que entra en el precio de la luz a última hora, más o menos como el gas, ya que se puede producir a voluntad) y el precio del CO2, que determina de manera notable el precio de la electricidad producida por combustibles fósiles, principalmente el gas natural.

Jesús Alonso Millán