Ciudadano autosuficiente

La nueva señal de la DGT nos obliga a replantear nuestra relación con el coche

 

Una silueta frontal de un vehículo soltando una humareda contaminante. Esta nueva señal de la DGT es histórica, pues por primera vez no se representa lo que puede o no hacer el coche (ir a cierta velocidad, entrar o no en determinada calle, etc.) o los peligros que le amenazan en la vía pública (pasos de peatones, escolares sueltos, badenes rompe-bajos, etc.) sino que es el coche es en sí mismo el peligro público, o al menos el coche de motor de explosión.

En los próximos meses y años cada vez más conductores se acercarán a una señal de "prohibido el paso a los coches humeantes". Más de uno pensará en deshacerse de tan molesto vehículo, pero el qué dirán disuadirá a la mayoría. Cualquier cuñado es capaz de recitar las ventajas de tener coche propio, pero ¿son tantas y tan evidentes como parecen?

Una y otra vez, las encuestas muestran que la comodidad y la rapidez son los principales motivos que aducen los encuestados para usar un coche en propiedad. Pero en cuanto empiezas a hurgar un poco, estas ventajas no son tan notables como parecen.

Tienes que revisar periódicamente el vehículo, comprobar el estado de los neumáticos, vigilar los niveles de aceite, refrigerante, anticongelante, aditivos (ad blue y similares), frenos, comparar precios de diferentes gasolineras, comparar precios de los seguros, planificar el repostaje (para hacerlo a principios de semana, que sale más barato), utilizar apps de aparcamiento para facilitar la búsqueda de aparcamiento, pagar en los parquímetros, llevar el coche al taller, pasar la ITV, pagar los impuestos correspondientes, etc. Todo esto lleva un tiempo considerable, que podrías dedicar a cosas más interesantes.

La velocidad media de un coche en ciudad ronda oficialmente los 20 km/h, con cifras reales tan bajas como 10 minutos para hacer 1 km. Hay que tener en cuenta los frecuentes atascos, así como la tendencia a considerar los viajes en coche propio más cortos que los realizados en transporte público, aunque la diferencia  a favor no sea tanta como parece a primera vista. Sumando el tiempo que dedicas al mantenimiento del vehículo al tiempo real de viaje, la supuesta rapidez del coche desaparece.

Por lo que respecta a la comodidad, el coche es aparentemente imbatible: tiene confortables asientos regulables, puede tener calefacción, incluso aire acondicionado. Muchos vehículos tienen radio o aparatos para que puedas poner tu música favorita.  Toda esta molicie tiene un grave hándicap si eres tú el conductor. Conducir un coche es una actividad que no permite distracciones, un solo segundo de flojera puede causar un accidente mortal. Digamos que los pasajeros pueden ir extraordinariamente cómodos y relajados, pero el conductor no puede bajar la guardia en ningún momento.

Es verdad que muchas personas piensan que necesitan perentoriamente un coche en propiedad, que sin él no tendrían ninguna movilidad ni ninguna libertad. Aquí hay que anotar el hecho sorprendente de que muchos trayectos en coche son tan cortos que se pueden hacer sobradamente (y más velozmente) en bicicleta. Un dato del País Vasco indica una distancia media de los trayectos en coche en ciudad de solo 2,8 km, que se podría hacer cómodamente a pie en menos de media hora. Los datos de Madrid son más altos, de unos 7-8 km de media, pero eso quiere decir que muchos viajes en coche también son muy cortos. Además, en 2022 ya no tenemos la antigua elección obligada entre coche o transporte público de décadas pasadas. Ahora tenemos a nuestra disposición desde coches eléctricos compartidos a los famosos patinetes.

La nueva señal de la DGT pone de manifiesto con gran nitidez el problema del coche: muchos conductores van muy a gusto en sus cómodos y supuestamente rápidos vehículos, pero dejando un reguero de humo a su paso. Es decir, molestando y contaminando a los demás habitantes de la ciudad. Esa es una cuestión importante que debería pesar en  nuestra decisión de tener o no tener coche, tanto como la comodidad y la rapidez, y que podrías plantear a tu cuñado la próxima vez que salga el tema.

Jesús Alonso Millán