Ciudadano autosuficiente

Cómo defendernos de las ecoetiquetas impostoras

 

Cuando vamos a cualquier tienda o supermercado, nos paramos perplejos delante de una ristra de ecoetiquetas. Casi todas de colores verdes-azulados y con prefijos y sufijos "bio" y "eco". Muchas veces no las conocemos y podemos llegar a desconfiar, lo que no es de extrañar teniendo en cuenta las olas de greenwashing (lavado verde) de muchos productos.

Por esto, os dejamos aquí ocho recomendaciones en relación al ecoetiquetado:

1. Mejor una ecoetiqueta que ninguna. Aunque es verdad que ciertas ecoetiquetas no tienen en cuenta todas las áreas de la sostenibilidad, en general son una buena señal, un semáforo que nos indica que alguien está buscando soluciones para algún problema de nuestro medio ambiente y nuestra sociedad.

2. Hay etiquetas de más confianza que otras. Por ejemplo, en la Etiqueta Ecológica Europea (EEE) o la de agricultura ecológica del mismo origen, podemos confiar al 100%. Incluyen protocolos rigurosos de medición de la huella ecológica de los productos "de la cuna a la cuna", siguiendo todo su proceso de cultivo, fabricación, transporte, empaquetado, consumo y "desechaje". Actualmente tienen casi 90.000 productos certificados.

3. Precaución con las ecoetiquetas "emparejadas" con una gran empresa de distribución. Suele ocurrir que "la gran comercializadora" anuncie que en determinada fecha toda su producción del producto X ostentará la certificación Z. Es preferible que anuncie sencillamente qué nuevo estándar se va a usar, por ejemplo que se van a eliminar las bolsas de plástico desechables, etc.

4. Las ecoetiquetas que no se entienden son discutibles (por ejemplo: "papel procedente de fuentes responsables" es de menos confianza que una descripción más exacta e inequívoca del nuevo estándar, como "gallinas criadas en el suelo" (aunque tampoco sea muy clara).

5. Algunos productos no mejoran por mucha ecoetiqueta que lleven (como el aceite de palma refinado o el usado como biocombustible). Sencillamente, es mejor usar mantequilla procedente de agricultura ecológica en la galleta o electricidad en el coche.

6. En algunos casos, algunos criterios de salud y sostenibilidad no dependen de ecoetiquetas, sino más bien del sentido común (por ejemplo, las listas cortas de ingredientes y los empaquetados someros suelen ser señales de alimentos frescos y de buena calidad).

7. En la página web Ecolabel Index podrás encontrar un directorio con más de 300 entradas, con información de las diferentes ecoetiquetas que hay actualmente en Europa.

8. A veces lo importante es la ausencia de etiquetas, como las de alerta de compuestos tóxicos o peligrosidad en productos de limpieza... o bien que no haya ningún sitio donde colocar la etiqueta, como ocurre con las verduras frescas o con la ropa de segunda mano.

Llevar un estilo de vida sostenible conlleva ser conscientes de los productos y artículos que compramos, y saber leer e interpretar bien las etiquetas, nos ayudará en este proceso.

Jesús Alonso y Laura González Munera

Modificado y actualizado de un artículo publicado en vidasostenible.org