Ojalá la muerte de Valentón sea la última

MAYTE MARTÍNEZ

Nos decían en el colegio que España tenía forma de piel de toro. Así pretendían facilitarnos la representación espacial de este país merced a algo tan nuestro, tan patrio. En esa piel de toro se practica la ceremonia de lo macabro, esa tormentosa vejación considerada, aún en el siglo XXI, una manifestación artística con apoyo institucional.

Otro martes más de septiembre tendrá lugar en Tordesillas el deleznable espectáculo de El Toro de la Vega, donde los participantes intentarán abatir a lanzazos a tan noble animal. Amparados en la palabra tradición, atravesarán el lomo del animal hasta que un pinchazo certero lo derribe al suelo y el ganador se lleve todos los honores de tan “grande hazaña”. La crueldad es tan evidente que incluso muchos taurinos la rechazan.

Ayer recorrimos Tordesillas alzando la voz en defensa de quienes no pueden hacerlo. Ojalá nuestras súplicas sean escuchadas. Nada se podrá hacer por Valentón, pero mañana un trocito de nuestro corazón morirá con él.