Ministros de Economía y testigos de Jehová

ANTONIO AVENDAÑO

A los ministros de Economía en tiempos de crisis les ocurre lo mismo, pero a la inversa, que le ocurría a la portera cotilla de Mujeres al borde de un ataque de nervios. El personaje de Chus Lampreave sostenía con desparpajo cañí que ella siempre decía la verdad porque como era testiga deJehová no podía mentir, ya le habría gustado poder hacerlo, pero nada, imposible, un testigo es un testigo, y una testiga no digamos.

Lo mismo pero al revés les sucede a Solbes y a sus colegas en estos días de miedo financiero: que no pueden decir la verdad, ya querrían ellos poder decirla, pero qué va, les es imposible porque si la dijeran el miedo se transformaría inmediatamente en pánico y los ministros inmediatamente en ex ministros.

En Europa nadie sabe cuándo diablos acabará esta crisis ni cuál es su dimensión real, del mismo modo que en
Washington nadie sabe si es bueno, malo o regular salvar bancos en ruinas con dinero público. Visto el enigmático comportamiento del Gobierno Bush, nos tememos lo peor: que a veces les parece malo (y ahí aciertan), a veces bueno
(y ahí yerran) y a veces regular (y ahí quién sabe).

Pero tampoco eso pueden admitirlo los ministros de  Economía, obligados como están a simular que gobiernan la economía y que saben cómo enderezarla. De todo esto, en fin, algo podemos al menos aprender: que jamás debe nombrarse ministro de Economía a un testigo de Jehová.