Los golpes «flojos» y el legado de Wilson

22 Nov 2008
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LUZ SANCHIS. Periodista

Desde la prisión de Brians, Antonio Fernando Quincoces dijo que no se arrepentía de nada, que nunca había tenido antecedentes penales y que a él lo que le ilusionaba era ponerse un uniforme para trabajar porque su padre era guardia civil y su hermano, teniente del Ejército del Aire.
No tenía antecedentes hasta que un jurado lo encontró culpable de homicidio y fue condenado a 13 años. Era vigilante del Maremàgnum, en Barcelona, y junto a Mariano Romero, portero del pub Caipirinha, y James Anglada, del Mojito, propinaron una paliza a Wilson Pacheco porque se puso chulo cuando no lo dejaron entrar.
Quincoces dijo que sólo le había atizado con su porra “dos veces y en las nalgas”. Romero, que le dio golpes “flojos y disuasorios”. Anglada arrojó a Pacheco al mar, a 25 metros de la pasarela del puerto. Estaba bebido y calzaba deportivas. Aunque intentó quitarse las zapatillas y la ropa, murió ahogado ante la mirada de un grupo de personas que le vieron moverse en el agua hasta que se hundió. Luego, se dispersaron.
Para lo único que sirvió su muerte fue para que la Generalitat se decidiera a regular el sector. Los candidatos a controlar las puertas de discotecas y pubs pasan ahora por un curso de 40 horas donde aprenden algo de leyes, primeros auxilios y psicología. Los que tienen antecedentes por agresiones o delitos contra el patrimonio están vetados.
Ante la comprobación de que muchos pueden haber superado el curso y después repartir somantas de palos al primero que les plante cara, la patronal del sector pide ahora que se mejoren los controles. Que se crucen los antecedentes penales con más frecuencia para detectar a los gorilas violentos pero licenciados en buenas maneras. Pero si los agentes no dan muchas vueltas para detectar a los que no tienen el título, no servirá de nada.