Los ríos

JOSÉ ANTONIO LABORDETA

Hasta hace unos meses todo el mundo reclamábamos más agua. Ahora todo el mundo reclama pausa porque a este paso se nos van a inundar hasta los ombligos de los recién nacidos.

Hace unos meses rezábamos a los santos, vírgenes y demás objetos de devoción popular, para que abriesen las tajaderas del cielo y el agua nos sacase de aquellos días de sequía, que acabaron con la ministra Narbona y puso en el podio del triunfo a los ecologistas catalanes disimulando su increíble estupidez con la excusa  de agua de boca.

Ahora escucho cosas que me producen ciertas urticarias parecidas como los ataques, que el ínclito Jiménez Lozanitos, recibe desde sus propias trincharas acusándolo como un elemento disgregador de la fe y creador de un pensamiento equivocado y que nada tiene que ver con la doctrina de la Santa Madre.

¿Qué pasa ahora? Los que le felicitaban mientras nos ponía verdes a los que, desde la Comisión del 11M, defendíamos la teoría del atentado islamista, frente a aquellos, que son los que le acusan , de que era ETA la que andaba detrás.

A Federico, como se descuide, se lo va a llevar la corriente

que embiste ciega y que ataca cuando menos lo esperas: Losa obispos dudan del personaje; el órgano oficial del Vaticano saca unas declaraciones de un escritor que durante tiempos anduvo por las lindes de lo reaccionario, y todos se preguntan: ¿Qué pasa ahora?

Mi madre siempre me dijo, al hablar de la Iglesia, que ésta había echado raíces de polo a polo. Si te cruzas con ellas, al suelo con todo el equipaje.