Voto de pobreza

LUZ SANCHIS

Se llama Jesús Catalá, es obispo de la diócesis de Alcalá de Henares y se queja de que es mileurista. Convocó a los medios para que trasladaran a los ciudadanos las bondades de marcar con una cruz la casilla correspondiente a la Iglesia católica en la declaración de la renta. Y ya que estaba, decidió abrir los ojos al personal y acusar al Gobierno de manipular a los españoles a cuenta del dinero de su organización. No hay foto de las caras que ponían los periodistas mientras escuchaban al prelado, pero seguro que debían de ser de cachondeo.

Cojamos los 800 euros de media que cobra un sacerdote. No sufren por si el alza de los tipos se lleva por delante su hipoteca. No tienen que escandalizarse por los precios de los alimentos. Si no les vuelven locos los trapos, pueden tirar con dos sotanas, que sobreviven a todas las modas. Facturas de colegios, actividades extraescolares o libros de texto no llegan a sus buzones. Y se supone que vicios no deben tener.

El obispo de Alcalá, que es muy castizo, dice que el trabajo de los curas ahorra “un gastazo” al Estado. También está elucubrando cómo engrosar las arcas de su diócesis. Entre las posibilidades, el alquiler de algunos de sus inmuebles o cobrar entrada en edificios de valor histórico o artístico. Eso sí, dice que la Iglesia no puede funcionar como una empresa porque no vende ningún producto. Pues para no vender nada… hay que ver lo que nos cuestan.