Civismos incívicos

Código Ético de la Policía: nada que ocultar, nada que temer, ¿no?

Uno de los argumentos más manidos para justificar el creciente control y sanción de comportamientos en el espacio público (ordenanzas cívicas, videovigilancia, mediación policial en conflictos sociales, etc.) es que quien no tiene nada que ocultar no se verá afectado por estas medidas. Al fin y al cabo, si jamás se te ha ocurrido hacer nada "inapropiado" en el espacio público, el ojo policial no se fijará en tí. Nada que temer, pues.

Claro que con la progresiva ampliación del catálogo de conductas y actos inapropiados, el porcentaje de personas que puede sentirse segura bajo el "nada que ocultar, nada que temer" es cada vez más reducido. Por no hablar de que lo que debe o no debe ser motivo de ocultación es algo que cambia con el tiempo (un beso entre personas del mismo sexo en la calle no es inapropiado hoy, pero por suerte Franco no tuvo acceso a la videovigilancia; o vaya gracia les habría hecho a Romeo y Julieta tener a un Capuleto o un Montesco con una ordenanza cívica), o de que la creciente discrecionalidad en la aplicación de las regulaciones orientadas al control de los comportamientos en el espacio público deja la valoración del grado de la infracción no a un juez, sino a un policía (sin que esto haya sido reflejado en la formación de los cuerpos policiales ni existan formas de cuestionar esa arbitrariedad).

Pero más allá de estos argumentos, la mejor crítica al "nada que ocultar, nada que temer" es que siempre se les aplica a los mismos.

Porque si ante un mayor control, nadie debe temer al no tener nada que ocultar, ¿por qué acaba de votar el Consejo de Policía de Catalunya contra el Código Ético de la Policía? ¿Por qué no tenemos datos de la utilización y el impacto de una videovigilancia que nos cuesta centenares de miles de euros al año?

Que en un momento de creciente atribución de poderes a las instancias policiales, ésta no vaya acompañada por una mayor capacidad de control y rendición de cuentas, y que cuando sí existe iniciativa política para equilibrar esta situación sea la misma policía la que se niegue a ser objeto de control sí debería ser motivo de temor. Sobre todo por parte de los que no tenemos nada que ocultar.