Civismos incívicos

Techno-hype

Leía ayer en La Vanguardia que las pulseras contra maltratadores "presentadas por el gobierno a bombo y platillo para controlar los pasos de los hombres denunciados por malos tratos" no acaban de despegar, y que después de una inversión de CINCO MILLONES DE EUROS, en Catalunya sólo se ha colocado una.

A vueltas con la hipérbole tecnologica. Parece como si la tendencia generalizada a desconfiar de los políticos, de los vecinos, de los hijos y de las predicciones meteorológicas nos haya llevado a poner lo poco que nos queda de fe (y dinero) en la tecnología. ¿Qué en un avión se cuela un loco que ya estaba fichado por una mala coordinación entre fuerzas de seguridad? Compremos escáneres corporales. ¿Que la gente se queja de la inseguridad ciudadana? Pongámos cámaras. ¿Que los niños se escapan de la guardería? Insertémosles chips.

Sin entrar a valorar la insistencia en buscar solutiones técnicas a problemas sociales, lo que hace que este technohype bordee lo irracional es que, como en el caso de las pulseras, estas carísimas tecnologías son incapaces de hacer lo que prometen.

Sobre todo en el caso de las tecnologías aplicadas a temas de seguridad, el marketing de estos gadgets apela constantemente a visiones futuristas de control que tienen muy poco que ver con la realidad de la operatividad de las soluciones que se proponen. Yo, por ejemplo, aún no he visto ningún escáner del iris en un aeropuerto que funcione, y ahora mismo las empresas que los comercializan están trabajando en aparatos que tengan en cuenta diferentes medidas biométricas, reconociendo así que el gasto millonario realizado hasta la fecha por diferentes países ha sido inútil, pues el cálculo de sólo una variable ha demostrado no ser fiable.

Así que señores y señoras que deciden sobre el gasto público, ustedes que pueden, ¡léanse las instrucciones antes de dejar de pagar sueldos para financiar maquinitas!