Civismos incívicos

El juego de los disparates (y feliz año y tal...)

Últimamente, cada vez que me pongo a repasar noticias sobre alertas de seguridad o incivismo me viene a la mente ese juego que jugábamos de niños, en el que nos poníamos en círculo y nos íbamos haciendo preguntas al oído, para después juntar la pregunta que nos había hecho una persona con la respuesta de otra. "Por aquí me han preguntado para qué sirven las cucharas, y por allí me han respondido 'para volar'", por ejemplo.

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Tres muestras recientes:

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1) A mediados de 2009, El País publicó imágenes de prostitución en los alrededores del Mercado de la Boquería, en Barcelona. Doce meses después, tenemos la solución: el cierre con vallas de la zona por la noche. Por aquí me han preguntado "Qué hacer con el tema de la prostitución", y por aquí me han respondido "vallar un espacio público".

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2) En los últimos años, muchos municipios han instalado videovigilancia en espacios públicos, sobre todo en zonas comerciales, como mecanismo para disuadir los actos vandálicos y el incivismo. Poco valor tiene que no existan en ningún lugar del mundo datos que corroboren la idea de que la videovigilancia sea útil ante malos comportamientos o pequeños hurtos. Por aquí me han preguntado "Cómo mejoramos la seguridad de los centros de nuestras ciudades", y por aquí me han contestado "sometiendo a seguros e inseguros a la vigilancia remota constante".

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3) Hace también justo un año, un tipo a quién su padre había denunciado por tener vínculos con Al-Qaeda intentó explosionar una sustancia en un vuelo Amsterdam-Detroit, llegando sólo a incendiarse los calzoncillos. Unos días después los medios se hacían eco de los dispositivos que podrían haber detectado el material utilizado: los escáneres corporales. Por aquí me han preguntado "Cómo evitar que alguien sobre quien se tienen sospechas fundadas se suba a un avión", y por aquí me han respondido "Haciendo pasar a todo el mundo por escáneres corporales".

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El abismo existente entre un gran número de soluciones securitarias y los problemas que teóricamente demandan que éstas sean adoptadas no deja de sorprenderme. El efectismo y la tecnofilia siempre ganan la partida. Y aunque el derroche de recursos en herramientas que aún no han demostrado ser eficaces (yo aún no he pasado por ningún aparato reconocedor del iris que funcione, por ejemplo) es preocupante, lo que de verdad me quita el sueño es que en todos los casos, todas las soluciones pasan por la adopción de medidas que afectan a toda la población: los alrededores de la Boquería se cierran a todos los ciudadanos y ciudadanas, hayan o no participado en un intercambio de servicios sexuales; la videovigilancia controla a todo el mundo, tenga o no intención de delinquir o historial delictivo; los escáneres invaden la privacidad de todos los pasajeros, hayan o no mostrado signos de tener intención de volar un avión.

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En la carrera por ofrecer seguridad, no renunciamos sólo a espacios de libertad: también a derechos fundamentales como la privacidad, la presunción de inocencia o la seguridad jurídica. A este ritmo, para cuando la civilización enemiga que sea nos invada, poco quedará ya de los valores que decimos defender.

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Y así, con esta nota tan dicharachera, me despido del 2010, esperando sinceramente que en sus vidas privadas uds. no renuncien a buscar soluciones que tengan algo que ver con los problemas que se les planteen en 2011. Que escapen, si pueden, de la lógica del disparate.