Civismos incívicos

Pitoniso business

Prever las cosas está de moda. Si tuviera hijos yo creo que no les recomendaría ir a la universidad, sino que les mandaría a hacer prácticas a esos programas de tarot que echan de madrugada.

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No hay más que ver la fortuna de Noubiel Roubini, que en 2005 dijo que las cosas pintaban mal para la economía, nadie le hizo caso, y ahora es el gurú de cabecera de muchos –a pesar de haber anunciado en 2008 que EEUU saldría de la recesión en 2009 (ejem…).

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Son muchos los que se han dado cuenta de esta fetichización de los Nostradamus del siglo XXI, y con las revueltas de Oriente Medio algunos compiten por mostrar sus capacidades pitoniso-predictivas. Uno de ellos es Richard Florida, que ha lanzado el ‘Index of Potential Unrest’ para contribuir a identificar los factores que permitirían identificar el potencial revolucionario antes de que este estallara. Aunque limitado, como mínimo su análisis tiene interés.

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Pero el que más se ha lucido (de nuevo) es Thomas L. Friedman, que después de devolvernos a tiempos pre-copernicanos con su libro The World is Flat,  hace unos días planteaba las cuatro ‘fuerzas-no-tan-obvias’ que explican los acontecimientos recientes en Egipto. Entre ellos, el ‘Obama factor’, Google-Earth y los Juegos Olímpicos de Beijing. ¿Club de la Comedia? No, el New York Times. Y el tío tiene tres Premios Pulitzer. No voy a dedicarme a contestar a su iluminado análisis porque ya lo han hecho muchos, entre ellos una tal Sarah Carr, que lo borda.

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Lo que me trae de cabeza es el tema este de la predicción. La obsesión por adelantarse a los acontecimientos. Las habilidades sobrenaturales como baza personal y política. Esto que empezamos a ver en todos los ámbitos hace tiempo que es lo habitual en políticas de seguridad: la promesa política de poder ‘evitar’ la inseguridad, y la expectativa ciudadana de vivir sin riesgo ni sorpresas.

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El último ejemplo es el de un atraco a un comercio con violencia (y muerte) en el centro de Barcelona. Casi todas las fuerzas políticas piden ‘más policía’. Vale, ¿pero para qué? ¿Para qué sirven diez policías en cada esquina ante un perturbado con ‘problemas personales’? Y si se consiguió detener al presunto asesino esa misma noche, ¿en qué ha fallado la policía?

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Me temo que lo que se espera es que los diez policías en cada esquina ‘detecten’ al posible delincuente e intervengan antes de que ocurra nada. Para eso mejor contratar a la Pitonisa Lola, ¿no? O como mínimo darles alguna asignatura de lectura de bolas de cristal, digo yo.

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Si a alguien le preocuparan los atracos con arma de fuego, lo que propondría serían políticas activas de control de tenencia de armas, por ejemplo. Y si a alguien le preocupara la violencia, pondría sobre la mesa que la ecuación más desigualdad igual a más violencia se cumple todas y cada vez.

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Pero claro, esto sería plantear políticas responsables. Y para qué ir de responsable cuando se puede vivir del pitoniso business.