Opinion · Con M de

Las migraciones son para el verano

La ciudad nueva New Harmony, Indiana, Estados Unidos, planificada según los lineamientos de Robert Owen en 1838, que iba a ser fundada con inmigrantes. "Drawn and engraved by F. Bate. https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=687071
La ciudad nueva New Harmony, Indiana, Estados Unidos, planificada según los lineamientos de Robert Owen en 1838, que iba a ser fundada con inmigrantes. “Drawn and engraved by F. Bate. https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=687071

Las migraciones son un fenómeno intrínseco a la humanidad. El ser humano se mueve desde que existe. Las razones de dicho movimiento siempre fueron múltiples, desde la mera curiosidad hasta la huida de un conflicto. La vida humana en la Tierra se define por estos movimientos, y la configuración de las culturas y los fenotipos también. Dicen que en el inicio de los tiempos éramos de piel negra y pelo crespo. Y ahora ya somos de todos los colores y las formas producto de mezclas infinitas, incluidos esos genes neandertales que todos tenemos, y que muchas personas descubren a través de los análisis de ADN que te puedes hacer en EEUU.

Y siendo la migraciones tan naturales, tan humanas y tan inevitables, no deja de sorprenderme que ahora se consideren un problema. Llevamos con el rollo de la llamada ‘crisis migratoria’ desde que empezó el éxodo sirio, como si antes nunca nos hubiéramos movido. Pero en España todavía se nos quedaba un poco lejana la crisis -de nuevo la memoria de pez no nos ha dejado estos años recordar la llamada ‘crisis de los cayucos’-. Y después de unos años con la crisis migratoria en otros sitios del mediterráneo, el cambio de gobierno nos ha traído a la portadas el espinoso tema.

Las que trabajamos en temas migratorios llevamos tiempo avisando de que este verano iba a ser fuerte. El cierre del paso de Libia, el autoritarismo creciente en Marruecos y Argelia, las conversaciones sobre las zonas de pesca que afectan a varios países de la región y el buen tiempo, son varias de las razones que llevan al aumento del movimiento de migrantes sin papeles por los pasos del Estrecho.

Todos los años en verano se dispara el número de pateras que llegan a las costas de Andalucía. Este año no ha sido diferente, pero ha sido más noticioso. Los servicios sociales de la zona están sobrepasados. Pero no se trata de que las llegadas sean devastadoras, ya que no alcanzan todavía a las registradas en el año 2006. En esta ocasión, se trata de una total falta de previsión por parte de la administración central. Y esto pese a las advertencias de organizaciones y gobiernos locales, que llevan unos meses alertando al respecto.

El recién estrenado gobierno intenta parecer capaz pero obviamente está absolutamente sobrepasado con el tema. En lugar de hacer frente a esta situación con fuerza y contundencia, el gobierno se deja intoxicar y mantiene un discurso vago.

El recién estrenado gobierno intenta parecer capaz pero obviamente está absolutamente sobrepasado con el tema. Por un lado, la parte mediática y narrativa no ayuda. El debate sobre las migraciones está tomando un cariz hasta el momento inaudito en España. Los populismos asoman la patita aprovechando que el verano es el mejor momento de probar enfoques provocadores. Casado y Rivera se han ido turnando en soltar perlas de demagogia populista desinformada, y los bulos y fakenews están a tope, recuperando incluso hits del pasado. En lugar de hacer frente a esta situación con fuerza y contundencia, el gobierno se deja intoxicar y mantiene un discurso vago. También sabe que Europa no dejará en ningún caso que venga a romper el frágil equilibrio; podemos hablar de todo menos de regular, ajustar, redistribuir e incrementar los flujos migratorios. Por suerte o por desgracia, la migración siempre fue y siempre será, y de nada sirve intentar parar los movimientos. Hay muchos intereses creados en ese despliegue de medios que pretende hacernos creer que las migraciones son malas y que necesitamos protegernos -cómo si nosotros no nos moviéramos-.

Es verano y no vamos a ponernos a pensar demasiado. Cuando volvamos en septiembre, los pactos ya estarán cerrados, los acuerdos firmados y quedará asegurada la continuidad del sistema de contención, que se lleva vidas humanas de forma innecesaria.