Malin Björk: “El cierre de fronteras crea una Europa sin rostro humano”

Malin Björk

Por Álvaro Bravo (@AlvaroBravo4)

Malin Björk es eurodiputada sueca por el Partido de la Izquierda en el Parlamento Europeo desde 2014. Además, es miembra de la Comisión de Libertades Civiles, Justicia y Asuntos de Interior y de la Comisión de Derechos de la Mujer e Igualdad de Género. El fenómeno de las migraciones ocupa un lugar importante en su activismo político hasta el punto de poner en riesgo su imagen política con tal de lograr que no deportaran en un avión a un hombre iraní demandante de asilo. Björk ha trabajado durante varios años para el Lobby Europeo de Mujeres en Bruselas antes de convertirse diputada del European United Left–Nordic Green Left en 2009.

¿Cuál es tu opinión acerca de la gestión actual de la Unión Europea de la inmigración?

Desde que soy eurodiputada en 2014 he visto que no hay una perspectiva de largo alcance para este tema tan complejo. No hay un debate real sobre la solidaridad con los refugiados, la necesidad de abrir fronteras, algo que sucede desde el otoño de 2015 con el movimiento de personas por la ruta de los Balcanes. Estuve allí y pude ver lo que estaba pasando en los campamentos sin que se dieran soluciones para acoger de una manera segura a los refugiados que llegaban. Cada gobierno de los países miembros de la Unión Europea tiene una posición muy diferente sobre la migración dependiendo de los partidos que estén en el gobierno. Por ejemplo, mi país, Suecia, como región rica de cinco millones de personas, no tiene problemas económicos en integrar a buena parte de los inmigrantes. Pero en lugar de este mensaje algunos políticos nacionalistas deciden utilizar la migración como algo negativo para conseguir votos.

Se genera ese problema artificial cuando muchos países de la Unión Europea incrementan los controles fronterizos de diferentes formas para intentar controlar el movimiento de la gente. Intentamos disuadirlos para que no vengan a Europa olvidando en el camino los derechos universales de movilidad, de acceso a la educación o a la salud.

¿Hay algún tipo de interés por parte de las empresas de seguridad en mantener esas fronteras?¿Existen lobbies en Bruselas que ejerzan presión en el Parlamento para que los estados legislen en su provecho?

¡Por supuesto que existen compañías privadas que actúan en su propio beneficio en las actividades del control migratorio! Hay una relación entre las operaciones militares -que buscan crear ese perímetro de seguridad en torno a Europa- y el poder público. Sobre todo porque se ofrecen fondos comunitarios para la investigación de tecnologías de seguridad y defensa. Este es un hecho que no deja de sorprenderme. Esto supone límites para las personas inmigrantes, límites para la libertad de movimiento, límites para recibir personas. En este contexto se utiliza la sospecha permanente de que existan posibles terroristas, donde se sacrifican libertades y derechos por la seguridad. Me siento profundamente decepcionada por la influencia del lobby de las armas y de las empresas de seguridad en políticas que deberían ser de corte humanitario.

Los países mediterráneos son considerados como la frontera sur de Europa. ¿Estás de acuerdo con la definición que hacen algunos medios ingleses del papel del Gobierno español como 'gatekeeper'?

Si tú eres un partido nacionalista con una mentalidad xenófoba puedes presentarte ante tus votantes como un 'gatekeeper', un controlador de fronteras que actúa con mano dura. Hay muchos estados que quieren venderse así porque consiguen votos. Durante mi viaje a Melilla escuché que una empresa había recibido contratos para construir la valla. Lo que realmente da miedo es que la población reciba estos mensajes como positivos.

En cambio, otro discurso político que ha cobrado fuerza en europa es delegar responsabilidades a otros países: "vamos dejar que la gente se mueva a diferentes países y los responsables para la regulación van a ser países del norte de África". El Partido Demócrata italiano permitió el movimiento en sus fronteras, una decisión que puedo entender, sin que existieran unas medidas decentes comunes. Esta decisión causó un gran descontento en otros países europeos con un discurso más duro en contra de la inmigración, y ahora, tras la victoria de la Liga Norte, hay un cambio en las políticas italianas al cerrar los puertos, agitar la xenofobia e impedir la llegada de personas.

Esto permite a los Estados europeos delegar las políticas migratorias y externalizar las fronteras a países como Libia, que ha sufrido una guerra civil,  donde muchos de los derechos humanos no son respetados, como ya denunciaste en el mismo Parlamento Europeo.

Cuando estuve en Melilla hace un par de años pude comprobar cómo este lugar es casi como una prisión, algo horrible. Allí hablé con el alcalde de la ciudad quién me dijo que estaba orgulloso del papel de las fuerzas de seguridad impidiendo la llegada de personas del África subsahariana. Él estaba convencido de que hacían un buen trabajo en la frontera cuando no es aceptable controlar la migración con métodos contrarios a cualquier legalidad. Por eso, es importante contar historias sobre las concertinas en Melilla, sobre quiénes esperan en campamentos, sobre los amigos que pierden en el camino y sobre los abusos cometidos por los policías. Durante el viaje conocí a una senegalesa que vivía en la parte marroquí de las montañas que llevaba dos meses esperando para poder cruzar la frontera. Me contaba que durante el viaje había sufrido abusos sexuales por parte de sus compañeros. Esto es una consecuencia directa de las políticas migratorias erróneas de la Unión Europea hacia las personas.

Este año organizasteis el foro ‘Feminismo Sin Fronteras’ en el Parlamento Europeo en el que se abordó el impacto de género de las migraciones en las mujeres. ¿Cómo afecta la inmigración a las mujeres desde una perspectiva de género?

En agosto de 2015 recorrí Grecia, Serbia y Macedonia donde vi muchos grupos de mujeres y hombres que no querían romper su familia, dejar a los niños atrás. La mayoría de estas familias buscaban conseguir el estatus de refugiados para seguir juntos mientras continuaban la ruta relativamente segura de los Balcanes. Pero cuando empezamos a cerrar las fronteras, un miembro de la familia, normalmente el hombre, continuaba el viaje solo hasta el centro de Europa para esperar el derecho a la reubicación familiar.

Estas políticas de cierre de fronteras,  a pesar de no conseguir nunca su objetivo, han tenido un fuerte impacto negativo sobre las mujeres inmigrantes. Provocan que haya cambios en las rutas, que estas sean más peligrosas, que existan grupos que ayuden a moverse de manera clandestina y la explotación sexual de estas mujeres. Cuando ellas deciden dejar atrás la violencia en sus países de origen no hay nada que consiga frenar ese impulso de estar a salvo, al revés, se incrementa. Por otra parte, una reubicación familiar distinta termina en situaciones como que el padre consiga llegar a Alemania pero los hijos con sus madre se queden en Grecia. En definitiva, las medidas de cierre de fronteras tienen el efecto de crear una fortaleza Europa sin un rostro humano.

En 2014 estuviste a bordo de un avión rumbo a Irán y te avisaron de que en el mismo vuelo viajaba un hombre que iba a ser deportado desde Alemania. ¿Qué pasó después?

Estando en el aeropuerto me llamó un activista y me dijo que iban a deportar a un hombre. En ese momento decidí que no podíamos dejarle ir porque sabíamos que su familia se quedaba en Alemania. Algo debíamos hacer. A sabiendas de que el piloto tiene autoridad completa dentro de un avión y que, si decide que no van a despegar, la policía no puede impedírselo. Decidí no abrocharme el cinturón de seguridad en el momento que lo indicaban. Entonces expliqué que dentro de ese avión viajaba un hombre con una hija de pocos meses que iba a ser expulsado del país. Cuando el personal del vuelo me preguntaba porque hacía esto yo les contestaba: "él tiene su familia aquí, tiene a su hija. ¿No pensáis que lo justo es que sigan juntos?". Ellos me exigieron que me pusiera el cinturón y me amenazaron con enviar a la policía. No entendían que siendo una política pudiera romper la ley.

Al final, por esta resistencia pacífica, no salió el vuelo esa mañana y este hombre no fue devuelto a Irán. Es el caso de una única persona, pero pienso que su vida cambió en ese momento y que también cambió la mía porque pude ver como una acción propia ayudaba directamente a unas personas. Es una sensación diferente a cuando estás elaborando un informe, en un debate parlamentario o en este despacho. En un caso de injusticia como la que presenciaba tienes que elegir que elegir cómo actúas, ¿haces algo o no haces nada?